domingo, junio 19, 2005

Limojon Saint Didier

EL
TRIUNFO
HERMÉTICO

O

LA PIEDRA FILOSOFAL
VICTORIOSA


TRATADO
El más completo y más inteligible que existe
hasta ahora referente al

MAGISTERIO HERMÉTICO




EN AMSTERDAM
Casa Henry Wetstein, 1699


(Limojon de Saint-Didier)


ADVERTENCIA



Estamos bastante persuadidos de que existen ya demasiados libros que tratan de la Filosofía Hermética; y de que a menos que se quiera escribir sobre esta ciencia claramente, sin equívocos, y sin alegorías (cosa que ningún sabio hará jamás), valdría mucho más guardar silencio, que llenar el mundo de nuevas obras, más propias para turbar aún más el espíritu de los que se aplican en penetrar los misterios Filosóficos, que para devolverlos al verdadero camino, que conduce al término deseado, al cual aspiran. Por esta razón se ha juzgado que la interpretación de un buen Autor, que trata sólidamente de esta sublime Filosofía, sería mucho más útil a los hijos de la ciencia, que alguna nueva producción parabólica, adornada con las más ingeniosas expresiones, que los Adeptos saben imaginar, cuando tratan de este gran arte, o más bien cuando escriben para dar solamente a conocer a los que poseen como ellos, o que buscan el Magisterio, que han tenido la dicha de llegar a su posesión. En efecto, la mayoría de los Filósofos que han escrito sobre ello, lo han hecho más para hablar del feliz suceso, con el que Dios bendijo su trabajo, que para instruir todo lo que sería necesario, a los que se entregan al estudio de esta sagrada ciencia. Esto es tan verdad, que la mayoría no se paran siquiera en confesar de buena fe, que éste fue su principal propósito, cuando escribieron los libros.

El pequeño tratado que tiene por título La antigua guerra de los Caballeros, mereció sin contradicción la aprobación de todos los sabios, y de aquellos que tienen algún conocimiento de la Filosofía Hermética. Está escrito en forma de diálogo, de una manera sencilla y natural, que lleva siempre el carácter de la verdad: pero con esta sencillez, no deja de ser profundo, y sólido en el razonamiento, y convincente en las palabras; de suerte que no hay una palabra que no tenga sentido, y sobre la cual no hubiese motivo para hacer un largo comentario. Esta obra fue compuesta en alemán por un verdadero Filósofo, cuyo nombre es desconocido. Fue impreso en Leipzig en 1604. Fabri de Montpellier lo tradujo al latín: fue de este latín de donde se hizo la traducción francesa impresa en París en casa de Houry, y puesta al final de la Turba Francesa, de la Palabra abandonada, y de Drebellius, que componen juntos un volumen. Pero sea que Fabri entendiese mal el alemán, o que falsificara adrede el original, se encuentran en estas dos traducciones pasajes corrompidos, cuya falsedad, siendo patente, hizo que esta obra fuese despreciada por muchas personas; aunque por otra parte parecía tener un gran mérito.

Como la verdad y la falsedad no con compatibles en un mismo tema, y como era fácil juzgar que estas traducciones no eran fieles, apareció un Filósofo de un saber y de un mérito extraordinarios, que para satisfacer su curiosidad sobre este tema, se tomó el trabajo de hacer una investigación de más de diez años, para encontrar el original alemán de este pequeño tratado, y habiéndolo encontrado al fin, lo hizo traducir exactamente al latín: sobre esta Copia se ha hecho esta nueva traducción, con toda la fidelidad posible. En ella se reconocerá la bondad del original, por la verdad que aparece evidentemente en la restitución de varios pasajes, que habían sido no sólo alterados, sino también enteramente cambiados. Ello podrá juzgarse por el pasaje marcado 34, donde la primera traducción dice como el latín de Fabri: Mercurium nostrum nemo assequi potest, nisi ex mollibus octo corporibus, neque ullum absque altero parari potest (Nadie puede alcanzar nuestro Mercurio, sino partiendo de ocho cuerpos blandos, y ninguno puede ser preparado sin el otro.) para hacer que este escrito fuese despreciable para aquellos que tienen conocimiento bastante de los principios de la obra para poder distinguir en ellos lo verdadero de lo falso: los sabios juzgaban empero fácilmente que una falta tan fundamental como ésta, no podía venir de un verdadero Filósofo, que desde luego hace comprender bien que conoce perfectamente el magisterio: pero hacía falta encontrar un sabio celoso para el descubrimiento de la verdad, y en condiciones como éste, de hacer una investigación tan grande, para encontrar el original de esta Obra; sin lo cual era imposible restablecer su verdadero sentido.

El pasaje que acabamos de observar, no era el único que tenía necesidad de ser enderezado. Si nos tomamos el trabajo de cotejar esta nueva traducción con la anterior, encontraremos en ellas una grandísima diferencia, y muchas correcciones esenciales. El pasaje 35 no contiene una de las menores; y como esta traducción ha sido hecha de la nueva copia latina, sin haber querido poner los ojos en la que había sido ya impresa en francés, se tuvo la satisfacción de observar después, todo lo que no estaba conforme en la primera. Las palabras y las frases enteras, que han sido añadidas en algunos lugares de ésta, para conseguir un enlace más natural, o un sentido más perfecto, se encierran entre dos paréntesis ( ), a fin de que se distinga lo que está, de lo que no está en el texto, al cual se ha mantenido escrupulosamente fiel al autor de esta traducción: porque la menor adición, en una materia de esta naturaleza, puede producir un cambio considerable, y causar grandes errores.

La belleza y la solidez de este escrito merecían sin duda la pena de que se les dedicara un comentario, que hiciese más inteligible a los hijos de la ciencia, un tratado que puede sustituir a todos los demás. Y como el método de los diálogos es el más adecuado para aclarar, y para hacer más palpables las verdades más elevadas, se ha empleado aquí con tanta más razón, cuanto que el autor sobre el que se hace el comentario, escribió de esta misma manera. Se encontrará en la plática de Eudoxio y de Pirófilo, que explica el de la piedra con el oro y el mercurio, las principales dificultades aclaradas por las preguntas, y las respuestas que se les dan sobre los puntos más esenciales de la Filosofía Hermética.

Las cifras que marcan estos dos diálogos, indican la relación de los lugares del primero con los del último donde son explicados. Se observará en esta obra una entera conformidad de sentimientos con los primeros maestros de esta Filosofía, así como también con los más sabios, que escribieron en los últimos años; de suerte que apenas se encontrará un tratado sobre esta materia, por muy grande que sea su número, que sea más claro y más sincero, y que pueda por consiguiente ser más útil que éste, a los que se apliquen en el estudio de esta ciencia, y que tengan desde luego todas las buenas cualidades del espíritu y del corazón, que nuestra Filosofía exige en aquellos que quieren progresar en ella.

El comentario parecerá sin duda tanto mejor, cuando que no es difuso, como lo son casi todos los comentarios; sólo toca los pasajes que pueden tener necesidad de alguna explicación; y no se aparta en manera alguna del tema; pero como esta clase de obras no son para aquellos que no tienen aún ninguna tintura de la Filosofía secreta: los más clarividentes sabrán muy bien que se ha preferido pasar por alto varias cosas, que tal vez habrían merecido una interpretación, más que explicar generalmente todo lo que podían aún causar alguna dificultad a los aprendices de este grande arte.

Como la primera de estas pláticas refiere la victoria de la Piedra, y la otra expone las razones y hace ver los fundamentos de su triunfo, parece que este libro no podía aparecer con un título más adecuado que el de Triunfo Hermético, o de la Piedra Filosofal victoriosa. Nada queda por decir aquí, sino que el autor de la traducción, que lo es también del comentario, y de la carta que está al final de este libro, no tuvo en éste otro interés, ni otro propósito, que manifestar la verdad a los que aspiran a su conocimientos, por los motivos que convienen a los verdaderos hijos de la ciencia; también declara, y protesta sinceramente de que desea de todo corazón, que los que son lo bastante desdichados para perder su tiempo trabajando en materias extrañas, o alejadas, se sientan lo bastante iluminados por la lectura de este Libro, para conocer la verdadera y única materia de los Filósofos; y que los que la conocen ya, pero que ignoran el gran punto de la solución de la Piedra, y de la coagulación del Agua, y del espíritu del Cuerpo, que es el término de la Medicina universal, puedan aprender aquí estas operaciones secretas, que son descritas bastante distintamente para ellos.



Al autor no le ha parecido adecuado escribir en latín, no creyendo, como muchos otros, que sea rebajar estos altos misterios, el tratarlos en lengua vulgar: ha seguido en esto el ejemplo de varios Filósofos que quisieron que su obra llevase el Carácter de su país; también su primer propósito fue ser útil a todos sus compatriotas no dudando de que si este Tratado parece de algún mérito a los discípulos de Hermes, habrá algunos que lo traducirán a la lengua que les plazca.



EXPLICACIÓN GENERAL DE ESTE EMBLEMA







No hay que esperar ver aquí una explicación en detalle, que descorra absolutamente el velo de este enigma Filosófico, para que aparezca la verdad al descubierto; si fuese así, sólo habría que arrojar al fuego todos los Escritos de los Filósofos; los sabios no tendrían ya ninguna ventaja sobre los ignorantes; unos y otros serían igualmente hábiles en este maravilloso arte.

Habrá que contentarse pues con ver en esta figura, como en un Espejo, el resumen de toda la Filosofía secreta que se contiene en este pequeño libro, donde todas las partes de este emblema se encuentran explicadas tan claramente como está permitido hacerlo.

Los que están iniciados en los misterios Filosóficos comprenderán fácilmente desde el primer momento el sentido que está oculto bajo esta figura; pero los que no tienen estas luces, deben considerar aquí en general una mutua correspondencia entre el Cielo y la Tierra, por medio del Sol y de la Luna, que son como los lazos secretos de esta unión Filosófica.

Verán en la práctica de la obra dos riachuelos, parabólicos, que confundiéndose secretamente entre sí, dan nacimiento a la misteriosa piedra triangular, que es el fundamento del arte.

Verán un fuego secreto y natural, cuyo espíritu penetrando la piedra, la sublima en vapores, que se condensan en la vasija.

Verán la eficacia que recibe la piedra sublimada del Sol y de la Luna, que son su padre y su madre, de los que hereda ante todo la primera corona de perfección.

Verán en la continuación de la práctica, que el arte da a este divino licor una doble corona de perfección por la conversión de los Elementos, y por la extracción y la depuración de los principios, por lo cual se convierte en este misterioso caduceo de Mercurio, que opera tan sorprendentes metamorfosis.

Verán que este mismo Mercurio, como un Fénix que renace en el fuego, llega gracias al Magisterio de la última perfección del azufre fijo de los Filósofos, que le da un poder soberano sobre los tres géneros de la naturaleza, cuya triple corona, sobre la cual se posa con este objeto el Jeroglífico del mundo, es su carácter más esencial.

Verán en fin en su lugar, lo que significa la porción del Zodíaco, con las tres figuras que están en ella representadas; de suerte que uniendo todas estas explicaciones, no será imposible sacar de ello el entendimiento exacto de toda la Filosofía secreta, y de la mayor parte de la práctica, que se deduce bastante prolijamente de la carta dirigida a los verdaderos discípulos de Hermes, que está al final de la obra.







LA ANTIGUA GUERRA
DE LOS CABALLEROS

o

PLÁTICA
De la
PIEDRA DE LOS FILÓSOFOS
Con el
ORO
y el
MERCURIO


Referente a la verdadera materia, con la que aquellos
que son sabios en los secretos de la Naturaleza pueden
hacer la Piedra Filosofal, siguiendo las reglas de una
práctica conveniente, y con el auxilio de Vulcano
Lunático.



Compuesto originalmente por un muy hábil Filósofo,
y traducido nuevamente del latín al francés.



El tema de esta plática es una discusión que tuvieron un día el Oro y el Mercurio con la Piedra de los Filósofos. He aquí de qué manera habla un verdadero Filósofo que ha llegado a la posesión de este gran secreto.

Os afirmo delante de Dios, y por la salvación eterna de mi alma, con corazón sincero, tocado de compasión por aquellos que se dedican desde hace largo tiempo a las grandes investigaciones; y os certifico a todos los que apreciáis este maravilloso arte, que toda nuestra obra nace de una sola cosa, y que en esta cosa encuentra la obra su perfección, sin que tenga necesidad de cosa alguna, salvo de ser disuelta y coagulada, lo cual debe hacer por sí misma, sin auxilio de ninguna cosa extraña.

Cuando se pone hielo en un vaso colocado sobre el fuego, se ve que el calor hace que se disuelva en agua: se debe hacer de la misma manera con nuestra Piedra, que sólo necesita del auxilio del artista, de la operación de sus manos, y de la acción del fuego natural: pues ella no se disolverá jamás por sí misma, aunque estuviese eternamente sobre la tierra: por esto debemos ayudarla, de tal manera empero que no le añadamos nada que le sea extraño o contrario.

Así como Dios produce el trigo en los campos, y que nosotros debemos después reducirlo a harina, amasarlo, y hacer pan con ella; así nuestro arte requiere que hagamos la misma cosa. Dios nos creó este mineral, a fin de que lo cojamos solo, que descompongamos su cuerpo grosero y espeso; que separemos y tomemos para nosotros lo que encierra de bueno en su interior; que rechacemos lo que tiene de superfluo, y que de un veneno mortal, aprendamos a hacer una Medicina soberana.

Para daros una más perfecta inteligencia de esta agradable plática, os haré el relato de la discusión que surgió entre la Piedra de los Filósofos, el Oro y el Mercurio; de suerte que los que desde hace largo tiempo se dedican a la investigación de nuestro arte y que saben de qué manera se deben tratar los metales y los minerales, puedan quedar lo bastante ilustrados, para llegar directamente al fin que se proponen: sin embargo es necesario que nos apliquemos en conocer exteriormente, e interiormente, la esencia, y las propiedades de todas las cosas que están sobre la tierra, y que penetremos en la profundidad de las operaciones de que es capaz la naturaleza.

RELATO

El Oro y el Mercurio salieron un día a mano armada, para combatir y para sojuzgar la Piedra. El Oro animado de furor empezó a hablar de esta manera.

EL ORO

¿Cómo tienes la temeridad de elevarte por encima de mí, y de mi hermano Mercurio, y de pretender la preferencia sobre nosotros: tú que no eres más que un gusano hinchado de veneno? ¿Ignoras que soy el más precioso, el más constante, y el primero de todos los metales? no sabes que los Monarcas, los Príncipes, y los Pueblos hacen por igual que todas sus riquezas consistan en mí, y en mi hermano Mercurio; y que tú eres al contrario el peligroso enemigo de los hombres, y de los metales; siendo así que los más hábiles médicos no cesan de publicar, y de alabar las virtudes singulares que poseo para dar y para conservar la salud a todo el mundo?

LA PIEDRA

A estas palabras llenas de cólera, la piedra respondió sin conmoverse, mi querido Oro, ¿por qué no te enojas más bien contra Dios, y por qué no le preguntas por qué razones, no ha creado en ti, lo que se encuentra en mí?




EL ORO

Es Dios mismo quien me ha dado el honor, la reputación, y el brillante esplendor, que me hacen tan estimable: por esta razón, soy tan buscado por todos. Una de mis mayores perfecciones es ser un metal inalterable en el fuego, y fuera del fuego; también todo el mundo me ama, y corre detrás de mí; pero tú no eres más que una fugitiva, y una engañadora, que embauca a todos los hombres: esto se ve en que emprendes el vuelo, y te escapas de las manos de los que trabajan contigo.

LA PIEDRA

Es verdad mi querido Oro, es Dios quien te concedió el honor, la constancia y la belleza, que te hacen preciso: por esto tienes la obligación de dar las gracias eternas a su divina bondad y no despreciar a los otros, como haces: pues yo puedo decirte que no eres ese Oro, de que hablan los escritos de los Filósofos sino que ese Oro está oculto en mi seno. Es verdad, lo confieso que yo me derrito en el fuego y que no permanezco en él, sin embargo sabes muy bien que Dios, y la naturaleza me ha dado esta cualidad, y que esto debe ser así; tanto más cuanto que mi fluidez redunda en provecho del Artista, que sabe la manera de extraerla, debes saber sin embargo que mi alma permanece constantemente en mí, y que es más estable, y más fija, que tú, por muy Oro que seas, y que todos tus hermanos, y todos tus compañeros. Ni el agua, ni el fuego, sea cual fuere, pueden destruirla, ni consumirla; aunque actúen sobre ella durante tanto tiempo como dure el mundo.

No es pues culpa mía, si soy buscada por los Artistas, que no saben cómo hay que trabajar conmigo, ni de qué manera debo ser preparada. Me mezclan a menudo con materias extrañas, que me son enteramente contrarias. Me añaden agua, polvos, y otras cosas parecidas, que destruyen mi naturaleza, y las propiedades que me son esenciales; también se encuentra apenas uno entre ciento, que trabaje conmigo. Todos se empeñan en buscar la verdad del arte en ti, y en tu hermano Mercurio: por eso todos se equivocan, ya es en esto en lo que son falsos sus trabajos. Ellos mismos son buen ejemplo de ello: pues emplean inútilmente su Oro, y tratan de destruirlo: no les queda de todo esto, más que la extrema pobreza, a la cual se ven al fin reducidos.

Tú, Oro, eres la primera causa de esta desgracia, sabes muy bien que sin mí, es imposible hacer oro alguno, ni plata alguna que sean perfectos; y que sólo yo tengo este maravilloso don. ¿Por qué sufres pues tú, cuando casi el mundo entero funda en ti sus operaciones, y en el Mercurio? Si te quedase aún un resto de honradez, impedirías que los hombres se abandonasen a una pérdida segura: pero como en vez de esto haces todo lo contrario, puedo sostener con verdad, que eres tú solo, el engañador.

EL ORO

Quiero convencerte por la autoridad de los Filósofos, que la verdad del arte puede ser cumplida conmigo. Lee a Hermes. Habla así: el Sol es su padre y la Luna su madre: y yo soy el único que es comparado al Sol.

Aristóteles, Avicena, Plinio, Serapión, Hipócrates, Dioscórides, Mesué, Rasis, Averroes, Geber, Raimundo Lulio, Alberto Magno, Arnaldo de Vilanova, Tomás de Aquino, y gran número de otros filósofos, que no menciono para no ser prolijo, escriben todos ellos claramente, y distintamente, que los metales y la Tintura Física sólo están compuestos de Azufre, y de Mercurio; que este Azufre debe ser rojo, incombustible, resistente constantemente al fuego, y que el Mercurio debe ser claro, y bien purificado. Hablan de esta suerte sin ninguna reserva; me nombran abiertamente por mi propio nombre, y dicen que en el Oro, es decir en mí, se encuentra el azufre rojo, digerido, fijo e incombustible; lo cual es verdad y del todo evidente; pues no hay nadie que no sepa bien, que soy un metal muy constante e inalterable, que estoy dotado de un azufre perfecto, y enteramente fijo, sobre el cual no tiene el fuego ningún poder.

El Mercurio fue del parecer del Oro; aprobó su discurso; sostuvo que todo lo que su hermano acababa de decir, era verdad, y que la obra podía realizarse de la manera que habían escrito los Filósofos arriba citados. Añadió incluso que todos sabían bastante cuán grande era la amistad mutua que había entre el Oro, y él, con preferencia a todos los otros metales; que no había nadie, que no pudiese juzgarlo fácilmente por el testimonio de sus propios ojos, que los orfebres, y otros artesanos parecidos, sabían muy bien que cuando querían dorar alguna obra, no podían prescindir de la mezcla del Oro, y del Mercurio, y que hacían su conjunción en muy poco tiempo, sin dificultad, y con muy poco trabajo: ¿qué no debía esperarse hacer con más tiempo, más trabajo y más aplicación?

LA PIEDRA

Al oír este discurso la Piedra se echó a reír, y les dijo: en verdad que bien merecéis uno y otro que se burlen de vosotros, y de vuestra demostración: pero eres tú, Oro, a quien admiro todavía más, viendo que presumes tanto de ti mismo, por el motivo de que eres bueno para ciertas cosas. ¿Puedes estar realmente de que los antiguos Filósofos escribieron, como lo hicieron, en un sentido que debe entenderse a la manera ordinaria? ¿Y crees que sus palabras deben interpretarse simplemente al pie de la letra?

EL ORO

Estoy seguro de que los Filósofos, y los Artistas que acabo de citar, no escribieron mentira. Todos opinan lo mismo con respecto a la virtud que yo poseo: es muy cierto que hubo algunos, que quisieron buscar en cosas enteramente alejadas, el poder, y las propiedades, que están en mí. Trabajaron con ciertas hierbas; con los animales; con la sangre; con orina; con cabellos; con esperma; y con cosas de esta naturaleza: éstos se apartaron sin duda del camino verdadero, y algunas veces escribieron falsedades: pero no ocurre lo mismo con los maestros que he nombrado. Nosotros tenemos pruebas ciertas, de que poseyeron en efecto este grande arte; por esto debemos dar fe a sus escritos.

LA PIEDRA

No pongo en duda que estos Filósofos tuviesen un exacto conocimiento del arte; exceptuando empero algunos de los que has citado: pues hay algunos entre ellos, aunque muy pocos, que lo ignoraron, y que sólo escribieron sobre él, aquello que oyeron decir: pero cuando los verdaderos Filósofos nombran simplemente el Oro y el Mercurio, como los principios del arte, no se sirven de estos términos, más que para ocultar su conocimiento a los ignorantes, y a los que son indignos de esta ciencia: pues saben muy bien que estos espíritus vulgares sólo se fijan en los nombres de las cosas, en las recetas, y en los procedimientos, que encuentran escritos; sin examinar si hay un sólido fundamento en lo que ponen en práctica; pero los hombres sabios y que leen los buenos libros con aplicación, y exactitud, consideran todas las cosas con prudencia; examinan la relación, y la conveniencia que hay entre una cosa y otra; y por este medio penetran en el fundamento del arte: de suerte que por el razonamiento y por la meditación, descubren al fin cuál es la materia de los Filósofos, entre los cuales no se encuentra ninguno que la quisiera indicar, ni darla a conocer abiertamente, y por su propio nombre.

Se manifiestan claramente sobre esto, cuando dicen que nunca revelan menos el secreto de su arte, que cuando hablan claramente, y según la manera ordinaria de expresarse: pero confiesan en cambio que cuando emplean símiles, figuras, y parábolas, es verdaderamente en estos pasajes de sus escritos donde manifiestan su arte: pues los Filósofos después de haber discurrido sobre el Oro, y sobre el Mercurio, no dejan de declarar en seguida, y de asegurar, que su Oro no es el sol u oro vulgar, y que su Mercurio tampoco es el Mercurio común; he aquí la razón de ello.

El Oro es un metal perfecto, el cual a causa de la perfección que le dio la naturaleza no podría ser llevado por el arte a un grado más perfecto; de suerte que de cualquier manera que se pueda trabajar con el Oro; con cualquier artificio que se emplee, aunque se extrajese cien veces su color y su tintura, el Artista no hará nunca más oro, y no teñirá jamás una mayor cantidad de metal, que la que había de color, y de tintura en el Oro del que fue extraída; por esta razón dicen los Filósofos que hay que buscar la perfección en las cosas imperfectas, y que allí se encontrará. Puedes leer en el Rosario lo que te digo aquí. Raimundo Lulio, a quien has citado, es de la misma opinión; asegura que lo que debe ser hecho mejor, no debe ser perfecto, porque en lo que es perfecto, no hay nada a cambiar, y más bien se destruiría su naturaleza que añadir algo a su perfección.

EL ORO

No ignoro que los Filósofos hablan de esta manera: sin embargo esto puede aplicarse a mi hermano Mercurio, que es aún imperfecto; pero si nos juntan a los dos, él recibe entonces de mí la perfección que le falta: pues es del sexo femenino, y yo soy del sexo masculino; lo cual hace decir a los Filósofos, que el arte es un todo homogéneo. Ves un ejemplo de esto en la procreación de los hombres: pues no puede nacer ningún niño sin el apareamiento del varón, y de la hembra; es decir, sin la conjunción del uno con la otra. Tenemos un ejemplo parecido en los animales, y en todos los seres vivos.

LA PIEDRA

Es verdad que tu hermano es imperfecto y por consiguiente no es el Mercurio de lo Sabios: así cuando seáis unidos juntos, y se os tenga así en el fuego durante el curso de varios años, para tratar de uniros perfectamente en uno con el otro; siempre sucederá la misma cosa, a saber que en cuanto el Mercurio siente la acción del fuego, se separa de ti, se sublima, levanta el vuelo, y te deja solo abajo. Que si se os disuelve en agua fuerte; si se os reduce en una sola masa; si se os resuelve; si se os destila; y si se os coagula; nunca produciréis empero más que un polvo, y un precipitado rojo: que si se proyecta este polvo sobre un metal imperfecto, no lo tiñe; pero se encuentra igual cantidad de oro que la que se había puesto al principio, y tu hermano Mercurio te abandona, huye.

He aquí cuáles son los experimentos que los que dedican al estudio de la Química hicieron para su mal, durante una larga serie de años: he aquí también en qué termina todo el conocimiento que adquirieron con sus trabajos: pero en lo que atañe al proverbio de los antiguos, en el que quieres ampararte, de que el arte es un todo enteramente homogéneo; de que ningún niño puede nacer sin el varón, y la hembra; y de que te imaginas que con esto quieren hablar los Filósofos de ti y de tu hermano Mercurio; debo decirte claramente que esto es falso, y que en mala ocasión lo dices tú; aunque en estos mismos pasajes, los Filósofos hablan justamente, y dicen la verdad. Te aseguro que aquí está la Piedra angular, que ellos poseyeron, y contra la cual se estrellaron muchos miles de hombres.

Puedes imaginarte bien que con los metales debe pasar lo mismo que con las cosas que tienen vida. Te ocurre en esto lo que les ocurre a todos los falsos Artistas: pues cuando leáis semejantes pasajes en los Filósofos, no os preocupéis de examinarlos más, para tratar de descubrir si tales expresiones encuadran, y están de acuerdo, o no, con lo que se dice a continuación: sin embargo debes saber, que todo lo que escribieron los Filósofos de la obra en términos figurados, se debe entender sólo de mí, y no de cualquier otra cosa que exista en el mundo, puesto que sólo yo puedo hacer lo que ellos dicen y que, sin mí, es imposible hacer oro alguno, ni plata alguna, que sean verdaderos.

EL ORO

¡Buen Dios! ¿no te da vergüenza proferir una mentira tan grande? ¿y no temes cometer un pecado, glorificándote hasta tal punto que te atreves a atribuirte a ti sola, todo lo que tantos sabios, y personajes ilustrados escribieron sobre este arte, desde hace tantos siglos, tú, que no eres más que una materia crasa, impura, y venenosa y confiesas, no obstante esto, que este arte es un todo perfectamente homogéneo? Tú dices además que sin ti no puede hacerse oro alguno, ni plata alguna, que sean verdaderos, como si fuese una cosa universal he aquí una contradicción manifiesta; tanto más cuanto que muchos sabios personajes se aplicaron con tanto cuidado, y exactitud a los curiosos estudios que hicieron, que encontraron otros caminos (son procedimientos) que se llaman particulares, de los cuales pudieron sin embargo obtener gran utilidad.

LA PIEDRA

Mi querido Oro, no te sorprenda lo que acabo de decirte, y no seas tan imprudente que me imputes una mentira, a mí que tengo más edad que tú: si llegase a engañarme en esto, deberías con justa razón excusar mi gran edad; puesto que no ignoras que hay que respetar la vejez.

Para hacerte ver que he dicho la verdad; a fin de defender mi honor, sólo quiero apoyarme en la autoridad de los mismos maestros, que tú me has citado, y que por consiguiente no tienes derecho a recusar. Veamos particularmente Hermes. Habla así. Es verdad, sin engaño, cierto, y muy verdadero, que lo que está abajo es semejante a lo que está arriba; y lo que está arriba semejante a lo que está abajo: por estas cosas, se pueden hacer milagros con una sola cosa.

He aquí cómo habla Aristóteles. Oh qué admirable es esta cosa, que contiene en sí misma todas las cosas que nos son necesarias. Ella se mata a sí misma, y en seguida cobra vida, por sí misma, se casa consigo misma, se embaraza a sí misma, nace de sí misma; se resuelve ella misma en su propia sangre, se coagula de nuevo con él, y adquiere una consistencia dura; se hace blanca, se hace roja por sí misma; nosotros no le añadiremos nada, y no cambiamos nada en ella, salvo que separamos de ella lo grosero y lo terrestre.

El Filósofo Platón habla de mí en estos términos. Es una sola única cosa, de una sola especie en sí misma, tiene un cuerpo, un alma, un espíritu, y los cuatro elementos, sobre los cuales domina. No le falta nada; no tiene necesidad de otros cuerpos; pues se engendra a sí misma; todas las cosas son de ella, por ella y en ella.

Podría darte aquí otros muchos testimonios: pero como esto no es necesario, los paso en silencio, para no ser enojosa: y como tú acabas de hablarme de procedimientos particulares, voy a explicarte en qué se diferencian del arte. Algunos artistas que trabajaron conmigo, llevaron tan lejos sus trabajos, que llegaron a separar de mí mi espíritu, que contiene mi tintura; de suerte que mezclándola con otros metales, y minerales, consiguieron comunicar un poco de mis virtudes, a los metales que tienen alguna afinidad, y alguna amistad conmigo: sin embargo, los Artistas que triunfaron por este camino, y que encontraron seguramente una parte del arte, son verdaderamente en número muy pequeño: pero conocieron el origen de donde procedían las tinturas, les fue imposible llevar más lejos su trabajo; y no encontraron, a fin de cuentas, que su procedimiento tuviese una gran utilidad: pero si estos Artistas hubiesen llevado sus estudios más allá, y hubiesen examinado bien cuál es la mujer que me es propia; si la hubiesen buscado; y si me hubiesen unido a ella, entonces habría podido teñir mil veces más: pero en vez de esto destruyeron enteramente mi propia naturaleza, mezclándome con cosas extrañas; por esto, aunque haciendo su cálculo, consiguieron alguna ventaja, muy mediocre por cierto, en comparación con el gran poder que está en mí: es evidente empero que esta utilidad sólo procedió, y sólo tuvo su origen, en mí, y no en cualquier otra cosa con la que pude ser mezclada.

EL ORO

No has probado gran cosa con lo que acabas de decir: pues aunque los Filósofos hablan de una sola cosa, que encierra en sí los cuatro elementos; que tiene un cuerpo, un alma y un espíritu; y que por esta cosa quieran dar a entender la tintura física; cuando ha sido llevada a su última perfección; que es el fin que persiguen; sin embargo esta cosa debe, desde su comienzo, estar compuesta de mí, que soy el Oro y de mi hermano, que es el Mercurio, que somos los dos la semilla masculina y la semilla femenina; tal como se ha dicho más arriba: pues después de haber sido nosotros suficientemente cocidos, y transmutados en tintura, somos por ello el uno y el otro juntos una sola cosa, de la que hablan los Filósofos.

LA PIEDRA

Esto no es como tú te imaginas. Ya te he dicho anteriormente que no puede hacerse una verdadera unión con vosotros dos; porque no sois un solo grupo: sino dos cuerpos juntos, y por consiguiente sois contrarios, si consideramos el fundamento de la naturaleza: en cambio yo tengo un cuerpo imperfecto, un alma constante, una tintura penetrante: tengo además un Mercurio claro, transparente, volátil y móvil y puedo operar todas las grandes cosas, de que os vanagloriáis los dos, sin que podáis empero hacerlas: porque yo soy quien llevo en mi seno el Oro Filosófico, y el Mercurio de los Sabios; por esto los Filósofos hablando de mí, dicen nuestra Piedra es invisible, y no es posible adquirir la posesión de nuestro Mercurio, si no es por medio de dos cuerpos, de los que uno no puede recibir sin el otro la perfección que se le exige.
Por esta razón no hay más que yo, que posea una semilla masculina y femenina, y que sea al mismo tiempo un todo enteramente homogéneo, por lo cual me llaman Hermafrodita. Ricardo Inglés da testimonio de mí, diciendo, la primera materia de nuestra piedra se llama rebis (dos veces cosa): es decir una cosa que recibió de la naturaleza una propiedad oculta, que hace que se le dé el nombre de Hermafrodita; como si dijéramos una materia, en la que es difícil poder distinguir el sexo y descubrir si es macho, o si es hembra, porque se inclina igualmente hacia ambos lados: por esto la medicina universal se hace con una cosa, que es el agua, y el espíritu del cuerpo.
Esto es lo que hizo decir que esta medicina engañó a un gran número de tontos a causa de la multitud de sus enigmas bajo los cuales se desarrolla: sin embargo este arte no requiere más que una cosa, que es conocida de cada cual, y que muchos desean, y el todo es una cosa que no tiene par en el mundo: sin embargo es vil, y se puede tenerla por poco precio: pero no hay que despreciarla por esto: pues hace y completa cosas admirables.
El Filósofo Alain dice, vosotros que trabajáis en este arte, debéis tener una firme y constante aplicación de espíritu a vuestro trabajo, y no empezar a ensayar ora una cosa, y ora otra. El arte no consiste en la pluralidad de las especies: sino en el cuerpo, y en el espíritu. Oh cuán cierto es que la medicina de nuestra Piedra es una cosa, un vaso, una conjunción. Todo el artificio comienza por una cosa, y acaba en una cosa: aunque los Filósofos, con objeto de ocultar este gran arte, describen varios caminos; a saber, una conjunción continua, una mezcla, una sublimación, una desecación, y otros muchos caminos y operaciones a los que se puede designar con diferentes nombres: pero la solución del cuerpo no se hace más que en su propia sangre.
He aquí cómo habla Geber. Hay un azufre en la profundidad de Mercurio que lo cuece y que lo digiere en las vetas de las minas, durante muy largo tiempo. Ya ves pues, mi querido Oro, que te he demostrado ampliamente que este azufre sólo está en mí; puesto que lo hago todo yo sola, sin tu auxilio y sin el de todos tus hermanos y de todos tus compañeros. No tengo necesidad de vosotros: en cambio todos vosotros tenéis necesidad de mí; en tanto que puedo daros a todos la perfección, y elevaros por encima del estado, en que os puso la naturaleza.

Al oír estas últimas palabras el Oro se encolerizó furiosamente, sin saber ya qué responder: sin embargo celebró consejo con su hermano Mercurio, y se pusieron de acuerdo en que se apoyarían el uno al otro, esperando que siendo dos contra nuestra Piedra, que no es más que una sola, la dominarían fácilmente; de suerte que después de no haber podido vencerla por la discusión, tomaron la resolución de darle muerte por la espada. Con este propósito juntaron sus fuerzas, a fin de aumentarlas con la unión de su doble poder.

Se celebró el combate. Nuestra Piedra desplegó sus fuerzas, y su valor: combatió contra los dos y los venció; los dispersó; y los destruyó al uno y al otro de suerte que no quedó el menor vestigio que pudiese dar a conocer lo que había sido de ellos.
Así, queridos amigos, que tenéis el temor de Dios delante de los ojos, lo que acabo de deciros debe haceros conocer la verdad, e iluminaros el espíritu todo lo que sea necesario, para comprender el fundamento del más grande y del más precioso de todos los tesoros, que ningún Filósofo expuso, descubrió, ni sacó a la luz tan claramente.
No necesitáis pues otra cosa. Sólo os falta rogar a Dios, para que se digne haceros llegar a la posesión de una joya, que es de un precio incalculable. Aguzad después de esto el filo de vuestros Espíritus; leed los escritos de los sabios con prudencia; trabajad con diligencia y exactitud; no actuéis con precipitación en una obra tan preciosa. Él tiene su tiempo ordenado por la naturaleza; lo mismo que los frutos que están en los árboles y los racimos de uva que tiene la vid. Tened rectitud de corazón y proponeos en vuestro trabajo un fin honrado; si no es así, Dios no os otorgará nada; pues sólo comunica un don tan grande a aquellos que quieren usar bien de él; y priva de él a aquellos que tienen propósito de emplearlo para cometer el mal. Ruego a Dios que os dé su santa bendición. Así sea.
































PLÁTICA
DE EUDOXIO
y PIRÓFILO
sobre
LA ANTIGUA GUERRA
DE LOS CABALLEROS



PIRÓFILO

¡Oh dichoso momento, que hace que os encuentre en este lugar! Hace mucho tiempo que deseo con toda la prisa del mundo poder hablaros de los progresos que he hecho en la Filosofía, con la lectura de los autores, que vos me aconsejasteis que leyese, para instruirme sobre el fundamento de esta divina ciencia, que lleva por excelencia el nombre de Filosofía.

EUDOXIO

No es menor mi alegría de volver a veros, y mucho me placerá enterarme de los progresos que habéis conseguido con vuestra aplicación en el estudio de nuestra sagrada ciencia.

PIRÓFILO

A vos debo todo lo que sé, y lo que espero penetrar aún en los misterios Filosóficos; si queréis seguir prestándome el auxilio de vuestras luces. Sois vos quien me infundió el valor, que me era necesario, para emprender un estudio, cuyas dificultades parecen impenetrables desde el principio, y capaces de rechazar en todo momento a los espíritus más ardientes en la búsqueda de las verdades más ocultas: pero gracias a vuestros buenos consejos me encuentro cada vez más animado para proseguir mi empresa.

EUDOXIO

Estoy encantado de no haberme equivocado en el juicio que hice del carácter de vuestro espíritu; lo tenéis del temple que hay que tenerlo, para adquirir conocimientos, que están fuera del alcance de los genios ordinarios, y para no ablandarse ante tantas dificultades, que hacen casi inaccesible el santuario de nuestra Filosofía: encomio sumamente la fuerza con que sé que combatisteis los discursos ordinarios de ciertos Espíritus, que creen que su honor está empeñado en calificar de sueño todo aquello que no conocen; porque no quieren que sea dicho que otros pueden descubrir verdades, de las que ellos no tienen comprensión alguna.

PIRÓFILO

Jamás creí que debía prestar mucha atención a los razonamientos de personas que quieren decidir cosas, que no conocen: pero os confieso que si hubiese habido algo capaz de apartarme de una ciencia, por la cual sentí siempre una fuerte inclinación natural, habría sido una especie de vergüenza, que la ignorancia unió al estudio de esta Filosofía; es en efecto enojoso verse obligado a ocultar la aplicación que se le presta; a menos de querer pasar a los ojos de la mayoría de la gente como un hombre, que sólo se ocupa de vanas quimeras: pero como la verdad, dondequiera que se encuentre, tiene para mí atractivos soberanos, nada pudo apartarme de este estudio. He leído los escritos de un gran número de Filósofos, tan notables por su saber como por su probidad; y como jamás pude meterme en la cabeza que tantos grandes personajes fuesen otros tantos impostores públicos, quise examinar sus principios con mucha aplicación, y me convencí de las verdades que propugnan aunque todavía no las comprendo todas.

EUDOXIO

Os agradezco mucho la justicia que hacéis a los maestros de nuestro arte: pero decidme, os lo ruego, ¿qué Filósofos habéis leído en particular, y quiénes son los que más os han satisfecho? Yo me había limitado a recomendaros algunos.

PIRÓFILO

Para responder a vuestra pregunta tendría que hacer un gran Catálogo; hace varios años que no he dejado de leer diversos filósofos. Fui a buscar la ciencia en su fuente. Leí la Tabla de esmeralda, los Siete capítulos de Hermes y sus comentarios. Leí Geber, la Turba, el Rosario, el Teatro, la Biblioteca y el Gabinete Químico, y particularmente Artephius, Arnaldo de Vilanova, Raimundo Lulio, el Trevisano, Flamel, Zachaire y otros muchos antiguos y modernos que no nombro; entre otros, Basilio Valentín, el Cosmopolita, y Filaleteo.

Os aseguro que me rompí terriblemente la cabeza tratando de encontrar el punto esencial en el que deben estar todos de acuerdo, aunque se sirven de expresiones tan diferentes que incluso parecen con frecuencia opuestas. Unos hablan de la materia en términos abstractos, otros en términos compuestos: unos sólo expresan ciertas cualidades de esta materia; otros se fijan en propiedades completamente diferentes: unos la consideran en un estado puramente natural, otros hablan de ella en el estado de algunas de las perfecciones que recibe del arte; todo esto conduce a un laberinto tal de dificultades que no es de extrañar que la mayoría de los que leen a los Filósofos lleguen casi todos a conclusiones diferentes.

Yo no me contenté con leer una vez los principales autores que vos me aconsejasteis; los releí tantas veces que creía sacar de ellos nuevas luces, sea con respecto a la verdadera materia, sea con respecto a sus diversas preparaciones, de las que depende todo el éxito de la obra. Hice extractos de todos los mejores libros. Medité sobre ellos noche y día; hasta que creí conocer la materia y sus preparaciones diferentes, que no son propiamente más que una misma operación continuada. Pero os confieso que después de un trabajo tan penoso me produjo singular placer leer la antigua querella de la Piedra de los Filósofos, con el Oro y el Mercurio; la claridad, la sencillez y la solidez de este escrito me encantaron; y como es una verdad constante que quien entiende perfectamente a un verdadero Filósofo los entiende seguramente a todos, permitidme, si os place, que os haga algunas preguntas sobre éste, y tened la bondad de responderme con la misma sinceridad que siempre habéis tenido conmigo. Estoy seguro de que después de esto estaré tan instruido como hace falta estarlo para poner manos a la obra y para llegar felizmente a la posesión del más grande de todos los bienes temporales, y que Dios recompense a los que trabajan en su amor, y en su temor.

EUDOXIO

Estoy presto a satisfacer vuestra petición, y me daría mucha alegría que alcanzaseis el punto esencial, en la resolución, dispuesto como estoy a no ocultaros nada de lo que puede serviros de instrucción y de lo que creéis tener necesidad: pero creo que viene a punto que os haga antes algunas observaciones, que contribuirán mucho a aclarar algunos pasajes importantes del escrito de que me habláis.

Observad pues que el término Piedra se toma en varios sentidos diferentes, y particularmente en relación con los tres diferentes estados de la obra; lo cual hace que Geber diga que hay tres Piedras, que son las tres medicinas, correspondientes a los tres grados de perfección de la obra; de suerte que la Piedra del primer orden es la materia de los filósofos, perfectamente purificada, y reducida a sustancia Mercurial; la Piedra del segundo orden es la misma materia cocida, digerida y fijada en azufre incombustible; la Piedra del tercer orden es esta misma materia fermentada, multiplicada y llevada a la última perfección de tintura fija, permanente y teñidora: y estas tres Piedras son las medicinas de los tres géneros.

Observad también que hay una gran diferencia entre la Piedra de los Filósofos y la Piedra Filosofal. La primera es el objeto de la Filosofía considerada en el estado de su primera preparación, en el cual es realmente Piedra, porque es sólida, dura, pesada, frágil, pulverizable; es un cuerpo (dice Filaleteo) porque se derrite en el fuego, como un metal, sin embargo es espíritu, porque es completamente volátil; es el compuesto, y la Piedra que contiene la humedad, que corre en el fuego (dice Arnaldo de Vilanova en su carta al Rey de Nápoles). En este estado es una sustancia intermedia entre el metal y el Mercurio, como dice el Abate Sinesio; en fin, Geber la considera ,en este mismo estado, cuando dice en dos lugares de su Suma, toma nuestra Piedra; es decir (dice) la materia de nuestra Piedra, lo mismo que si dijese toma la Piedra de los Filósofos, que es la materia de la Piedra Filosofal.

La Piedra Filosofal es pues la misma Piedra de los Filósofos, cuando por el Magisterio secreto ha llegado a la perfección de medicina de tercer orden, transmutando todos los metales imperfectos en puro Sol, o Luna, según la naturaleza del fermento, que le ha sido añadido. Estas distinciones os servirán mucho para desarrollar el sentido confuso de las escrituras Filosóficas y para aclarar muchos pasajes del autor, sobre el cual tenéis preguntas que hacerme.

PIRÓFILO

Reconozco ya la utilidad de estas observaciones, y encuentro en ellas la explicación de algunas de mis dudas: pero antes de seguir adelante decidme, os lo ruego, si el Autor del escrito del que os hablo merece la aprobación que muchos sabios le han dado y si contiene todo el secreto de la obra.

EUDOXIO

No debéis dudar de que este escrito no haya salido de la mano de un verdadero Adepto, y que no merezca, por consiguiente, la estimación y la aprobación de los Filósofos. El propósito principal de este autor es desengañar a un número casi infinito de artistas, que, engañados por el sentido literal de las escrituras, se aferran tercamente a querer hacer el Magisterio, por la conjunción del Oro con el Mercurio diversamente preparado; y para convencerles absolutamente yo sostengo con los más antiguos y los más recomendables Filósofos que la obra no se hace más que con una sola cosa de una sola y misma especie.


PIRÓFILO

Este es precisamente el primero de los pasajes que me causaron cierto escrúpulo: pues me parece que se puede dudar, con razón, de que haya que buscar la perfección en una sola y misma sustancia, y que sin añadirle nada se puedan hacer todas las cosas. Los Filósofos dicen, por el contrario, que no sólo hay que quitar las superficialidades de la materia, sino también que hay que añadirle lo que le falta.

EUDOXIO

Es muy fácil librarnos de esta duda con esta comparación; así como los jugos extraídos de muchas hierbas, depurados de su orujo e incorporados juntos, no hacen más que una confección de una sola y misma especie; así los Filósofos llaman con razón su materia preparada a una sola y misma cosa; aunque no se ignore que es un compuesto natural de algunas sustancias de una misma raíz, y de una misma especie, que hacen un todo completo, homogéneo, en este sentido están de acuerdo todos los Filósofos; aunque unos digan que su materia está compuesta de dos cosas, y los otros de tres, que unos escriban que es de cuatro e incluso de cinco, y los otros, en fin, que es una sola cosa. Todos tienen igualmente razón, puesto que varias cosas de una misma especie naturalmente, e íntimamente unidas, así como varias aguas destiladas de hierbas, y mezcladas juntas, no constituyen en efecto más que una sola y misma cosa, lo cual se hace en nuestro arte con tanto más fundamento, cuanto que las sustancias que entran en el compuesto Filosófico difieren mucho menos entre ellas que el agua de acedera difiere del agua de lechuga.

PIRÓFILO

Nada tengo que replicar a lo que acabáis de decirme. Comprendo muy bien su sentido: pero me queda una duda, pues conozco varias personas que están versadas en la lectura de los mejores Filósofos, y que sin embargo siguen un método en todo contrario al primer fundamento, que plantea nuestro Autor: a saber, que la materia Filosófica no tiene necesidad de nada salvo de ser disuelta y coagulada. Pues éstas empiezan sus operaciones por la coagulación; es preciso pues que trabajen sobre una materia líquida, en vez de una Piedra; decidme, os lo ruego, si este camino es el de la verdad.

EUDOXIO

Vuestra observación es muy sensata. La mayor parte de los verdaderos Filósofos son de esta misma opinión. La materia no tiene necesidad de ser disuelta, y después coagulada; la mezcla, la conjunción, la fijación, la coagulación y otras operaciones parecidas se hacen casi por sí solas; pero la solución es el gran secreto del arte. Es este punto esencial el que no revelan los Filósofos. Todas las operaciones de la primera obra, o de la primera medicina no son, propiamente hablando, más que una solución continua; de suerte que calcinación, extracción, sublimación y destilación no son más que una verdadera solución de la materia. Si Geber no hizo comprender la necesidad de la sublimación, sólo fue porque ésta no purifica solamente la materia de sus partes groseras, y quemables; sino también porque la dispone para la solución, de donde resulta la humedad Mercurial, que es la clave de la obra.

PIRÓFILO

Heme aquí sumamente fortalecido contra esos pretendidos Filósofos, que son de una opinión contraria a la de este Autor; y no sé cómo pueden imaginar que su opinión se ajuste a la de los mejores Autores.

EUDOXIO

Basta con esto sólo para hacerles ver su error; ello se explica con una comparación muy justa con el hielo, que se funde al menor calor, para hacernos saber que la principal operación es procurar la solución de una materia dura, y seca, que se acerca a la naturaleza de la Piedra, la cual, en todo caso por la acción del fuego natural, debe resolverse en agua seca, tan fácilmente como el hielo se funde al menor calor.

PIRÓFILO

Os quedaría sumamente agradecido si quisierais decirme qué es el fuego natural. Comprendo muy bien que este agente es la llave principal del arte. Varios Filósofos expresaron su naturaleza con parábolas muy oscuras: pero os confieso que todavía no he podido comprender este misterio.

EUDOXIO

En efecto, es el gran misterio del arte, puesto que todos los otros misterios de esta sublime Filosofía dependen de la comprensión de éste. Cuánto me complacería si me estuviese permitido explicaros este secreto sin equívoco; pero no puedo hacer lo que ningún Filósofo creyó que estaba en su mano. Todo lo que podéis razonablemente esperar de mí, es que os diga, que el fuego natural del que habla este Filósofo, es un fuego en potencia, que no quema las manos; pero que manifiesta su eficacia por poco que sea excitado por el fuego exterior. Es pues un fuego verdaderamente secreto, al que este Autor llama Vulcano Lunático en el título de su escrito. Artephius hizo de él una descripción más amplia que cualquier otro Filósofo. Pontanus lo copió e hizo ver que había errado doscientas veces; porque no conocía este fuego, antes de haber leído y comprendido a Artephius: este fuego misterioso es natural, porque es de la misma naturaleza que la materia Filosófica; el artista, sin embargo, prepara uno y otra.

PIRÓFILO

Lo que acabáis de decirme aumenta más mi curiosidad, que no la satisface. No condenéis los insistentes ruegos que os hago de que queráis ilustrarme más sobre un punto tan importante que, a menos de tener conocimiento de él, es en vano que uno pretenda trabajar; uno se ve detenido en seco después del primer paso que ha dado en la práctica de la obra.

EUDOXIO

Los sabios no se mostraron menos reservados en lo tocante a su fuego que en lo tocante a su materia; de suerte que no está en mi mano añadir nada a lo que acabo de deciros. Os remito pues a Artephius y a Pontanus. Considerad solamente con aplicación que este fuego natural es sin embargo una artificiosa invención del artista; que es adecuado para calcinar, disolver y sublimar la Piedra de los Filósofos; y que no hay más que esta clase de fuego en el mundo capaz de producir semejante efecto. Considerad que este fuego es de la naturaleza de la cal, y que no es en modo alguno ajeno en lo que respecta al objeto de la Filosofía. Considerad, en fin, por qué medios enseña Geber a hacer las sublimaciones requeridas por este arte: en cuanto a mí, no puedo hacer más que formular por vos el mismo deseo que formuló otro Filósofo: Sydera Veneris, et corniculatae Dianae tibi propitia sunto.

PIRÓFILO

Bien habría querido que me hubieseis hablado de un modo más inteligible: pero ya que hay ciertos límites, que los Filósofos no pueden pasar, me contento con lo que acabáis de hacerme observar; volveré a leer a Artephius con más aplicación de lo que he hecho hasta ahora; y recordaré muy bien que me habéis dicho que el fuego secreto de los sabios es un fuego que el artista prepara según el arte, o al menos que puede hacer preparar por aquellos que tienen un perfecto conocimiento de la Química; que este fuego no es realmente cálido; sino que es un espíritu ígneo introducido en un sujeto de la misma naturaleza que la Piedra, y que siendo mediocremente excitado por el fuego exterior, la calcina, la disuelve, la sublima y la resuelve en agua seca, como dice el Cosmopolita.

EUDOXIO

Comprendéis muy bien lo que acabo de deciros; así lo juzgo por el comentario que le habéis añadido. Sabed solamente que de esta primera solución, calcinación o sublimación, que son aquí una misma cosa, resulta la separación de las partes terrestres y quemables de la Piedra; sobre todo si seguís el consejo de Geber con respecto al régimen del fuego, de la manera que él lo enseña, cuando trata de la sublimación de los cuerpos y del Mercurio. Debéis tener por una verdad constante que no hay más que este solo medio en el mundo para extraer de la Piedra su humedad untuosa, que contiene inseparablemente el azufre y el Mercurio de los Sabios.



PIRÓFILO

Heme aquí enteramente satisfecho sobre el punto principal de la primera obra; hacedme la merced de decirme si la comparación que hace nuestro Autor del trigo con la Piedra de los Filósofos, con respecto a su preparación necesaria, para hacer pan con el uno y la medicina universal con la otra, os parece una comparación muy justa.

EUDOXIO

Es tan justa, como puede hacerse, si se considera la Piedra en el estado en que el artista empieza a ponerla, para poder ser legítimamente llamada el sujeto y el compuesto Filosófico: pues de la misma manera que nosotros no nos alimentamos de trigo, tal como lo produce la naturaleza, sino que nos vemos obligados a reducirlo a harina, separar el salvado, amasarla con agua, para hacer el pan, que debe ser cocido en un horno para ser un alimento adecuado; de la misma manera tomamos la Piedra; la trituramos; separamos de ella por el fuego secreto lo que tiene de terrestre; la sublimamos; la disolvemos con el agua del mar de los Sabios; cocemos esta simple confección para hacer de ella una medicina soberana.

PIRÓFILO

Permitidme que os diga que me parece que hay alguna diferencia en esta comparación. El Autor dice que hay que tomar este mineral completamente solo para hacer esta gran medicina, y sin embargo con sólo el trigo no podríamos hacer pan; hay que añadirle agua, e incluso levadura.

EUDOXIO

Tenéis ya la respuesta a esta objeción, dado que este Filósofo, como todos los demás, no prohíbe absolutamente añadir algo; sino añadir algo que sea extraño y contrario. El agua que se añade a la harina, así como la levadura, no son en modo alguno extraños ni contrarios a la harina; el grano del que ésta se hace se alimentó con agua en la tierra; y por tanto ésta es de naturaleza análoga a la harina: de la misma manera que el agua del mar de los filósofos es de la misma naturaleza que nuestra Piedra; en tanto que todo lo que está comprendido en el género mineral y metálico fue formado y alimentado con esta misma agua en las entrañas de la tierra, donde penetra por las influencias de los astros. Veis evidentemente por lo que acabo de decir que los Filósofos no se contradicen cuando aseguran que su materia es una sola y misma sustancia, y cuando hablan de ella como de un compuesto de varias sustancias de una sola y misma especie.


PIRÓFILO

No creo que haya nadie que no deba convencerse con tan sólidas razones como las que acabáis de alegar. Pero decidme, por favor, si me equivoco en la consecuencia que saco de este pasaje de nuestro autor, donde dice que los que saben de qué manera se deben tratar tos metales, y los minerales, podrán llegar directamente al fin que se proponen. Si esto es así, es evidente que sólo debe buscarse la materia y el sujeto del arte en la familia de los metales y de los minerales, y que todos los que trabajan con otros sujetos están en el camino del error.

EUDOXIO

Os respondo que vuestra consecuencia está, muy bien extraída; este Filósofo no es el único que habla de esta suerte; concuerda en esto con el mayor número de los antiguos, y de los modernos. Geber, que conoció perfectamente el Magisterio, y que no usó ninguna alegoría, sólo trata en toda su obra de los métales y de minerales; de los cuerpos y de los espíritus, y de la manera de prepararlos bien para hacer con ellos la obra, pero como la materia Filosófica es en parte cuerpo y en parte espíritu; que en un sentido es terrestre y en otro toda celeste; y que ciertos autores la consideran en un sentido y los otros la tratan en otro; esto dio lugar al error de un gran número de artistas, que con el nombre de Universalistas rechazan toda materia que haya recibido una determinación de la naturaleza; porque no saben destruir la materia particular para separar en ella el grano y el germen, que es la pura sustancia universal, que la materia particular encierra en su seno, y a la cual el artista sabio e iluminado sabe dar absolutamente toda la universalidad que le es necesaria, por la conjugación natural que hace de este germen con la materia universalísima: de la cual obtuvo su origen. No os espanten estas expresiones singulares; nuestro arte es Cabalístico. Comprenderéis fácilmente estos misterios antes de que hayáis llegado al final de las preguntas que tenéis intención de hacerme sobre el autor que estudiáis.

PIRÓFILO

Si no me dieseis esta esperanza, os prometo que estas misteriosas oscuridades serían capaces de desanimarme, y de hacerme desesperar de un feliz éxito: pero tengo entera confianza en lo que me decís, y comprendo muy bien que los metales del vulgo no son los metales de los Filósofos, puesto que veo evidentemente que, para ser tales, es preciso que sean destruidos y que dejen de ser metales; y que el sabio sólo necesita esta humedad viscosa, que es su materia prima, de la cual hacen los Filósofos sus metales vivos, por un artificio, que es también secreto, que está fundado en los principios de la naturaleza, ¿no es esto lo que pensáis?



EUDOXIO

Si sabéis tan bien las leyes de la práctica de la obra, como me parece que comprendéis la teoría, no tenéis necesidad de mis aclaraciones.


PIRÓFILO

Os pido perdón. Estoy muy lejos de estar tan avanzado como os imagináis; lo que creéis que es efecto de un perfecto conocimiento o del arte, no es más que facilidad de expresión, sólo debida a la lectura de los Autores, que llena mi memoria. Estoy, por el contrario, a punto de desesperar de poseer jamás tan altos conocimientos, cuando veo que este Filósofo exige, como muchos otros, que el que aspire a esta ciencia, conozca exteriormente e interiormente las propiedades de todas las cosas, y que penetre en la profundidad de las operaciones de la naturaleza. Decidme, por favor, ¿quién es el hombre que puede jactarse de alcanzar un saber de tan vasta extensión?

EUDOXIO

Es verdad que este Filósofo no pone límites al saber de aquel que pretenda el entendimiento de un arte tan maravilloso: pues el sabio debe conocer perfectamente la naturaleza en general, y las operaciones que ella ejerce, tanto en el centro de la tierra, en la generación de los minerales y de los metales, como sobre la tierra, en la producción de los vegetales y de los animales. Debe conocer también la materia universal y la materia particular e inmediata, sobre la cual opera la naturaleza para la generación de todos los seres; debe conocer, en fin, la relación y la simpatía, así como la antipatía y la aversión natural que se produce entre todas las cosas del mundo. Tal era la ciencia del Gran Hermes, y de los primeros Filósofos que, como él, llegaron al conocimiento de esta sublime Filosofía por la penetración de su espíritu y por la fuerza de sus razonamientos: pero después de ser escrita esta ciencia y de que el conocimiento general, del que acabo de darte una buena idea, se encuentre en los buenos libros; la lectura y la meditación, el buen sentido y una práctica suficiente de la Química, pueden dar casi todas las luces necesarias para adquirir el conocimiento de esta suprema Filosofía; si añadís a ello la rectitud de corazón y de intención que atraen la bendición del Cielo sobre las operaciones del sabio, sin lo cual es imposible triunfar.

PIRÓFILO

Me dais una alegría muy grande. He leído mucho; he meditado todavía más; me he ejercitado en la práctica de la Química; he verificado lo que dijo Artephius, que asegura que aquél no conoce la composición de los metales, que ignora cómo hay que destruirlos, y sin esta destrucción es imposible extraer la humedad metálica, que es la verdadera clave del arte; de suerte que puedo estar seguro de haber adquirido la mayor parte de las cualidades que, según vos, requiere aquel que aspira a estos grandes conocimientos; poseo además una ventaja muy particular, es la bondad que vos tenéis de querer hacerme partícipe de vuestras luces, aclarando mis dudas; permitidme pues que continúe y os pregunte con qué fundamento hace el Oro tan gran ultraje a la Piedra de los Filósofos, llamándola gusano venenoso, y tratándola de enemiga de los hombres, y de los metales.

EUDOXIO

Estas expresiones no deben parecernos extrañas. Los propios Filósofos llaman a su Piedra Dragón, y Serpiente, que infecta todas las cosas con su veneno. En efecto, su sustancia y su vapor son un veneno que el Filósofo debe saber cambiar en Triaca, por la preparación y por la cocción. Además la Piedra es enemiga de los metales, porque los destruye y los devora. El Cosmopolita dice que hay un metal, y un acero, que es como el agua de los metales, que tiene el poder de consumir los metales, y que sólo pueden resistirle las humedades radicales del sol y de la luna. Sin embargo, tened cuidado de no confundir aquí la Piedra de los Filósofos con la Piedra Filosofal; porque si la primera destruye y devora los metales imperfectos como un verdadero dragón, la segunda los transmuta en metales perfectos como una medicina soberana; y hace que los perfectos sean más perfectos y adecuados para perfeccionar los imperfectos.

PIRÓFILO

Lo que me decís no sólo me confirma en los conocimientos que he adquirido por la lectura, por la meditación y por la práctica, sino que me da nuevas luces, a cuyo resplandor siento que se disipan las tinieblas, bajo las cuales me parecieron veladas hasta ahora las más importantes verdades Filosóficas. También deduzco por los términos de nuestro Autor que los más grandes Médicos se engañan al creer que la medicina universal está en el oro vulgar. Hacedme el favor de decirme lo que pensáis de ello.

EUDOXIO

No hay duda de que él oro posee grandes virtudes para la conservación de la salud y para la curación de las más peligrosas enfermedades. El cobre, el estaño, el plomo y el hierro son todos los días empleados útilmente por los Médicos; lo mismo que la plata; porque su solución, o descomposición, que manifiesta sus propiedades, es más fácil que la del Oro; por esto cuanta más relación tienen las preparaciones que los artistas ordinarios hacen con ellos, con los principios, y con la práctica de nuestro arte, tanto más hacen aparecer las maravillosas virtudes del Oro; pero yo os digo en verdad que sin el conocimiento de nuestro Magisterio, que es el único que enseña la destrucción esencial del Oro, es imposible hacer la medicina universal; pero el sabio puede hacerla mucho más fácilmente con el Oro de los Filósofos que con el Oro vulgar: así ved que este Autor hace que la Piedra le responda al Oro, que antes debe enfadarse contra Dios porque no le ha dado las ventajas de que sólo quiso dotarla a ella..

PIRÓFILO

A esta primera ofensa que el Oro hace a la Piedra, añade una segunda, llamándola fugitiva y engañadora, que se mofa de todos aquellos que ponen en ella alguna esperanza. Decidme, por favor, cómo se debe sostener la inocencia de la Piedra y defenderla contra una calumnia de esta naturaleza.

EUDOXIO

Recordad las observaciones que ya os hice, con referencia a los tres estados diferentes de la Piedra, y sabréis, como yo, que es preciso que sea al principio muy volátil, y por consiguiente fugitiva, para ser depurada de toda clase de cosas terrestres y reducida de la imperfección a la perfección que el Magisterio le da en sus otros estados; por esto la ofensa que el Oro pretende hacerle, se vuelve en su alabanza; tanto más cuanto que, si no fuese volátil y fugitiva en su principio, sería imposible darle al fin la perfección y la fijeza que le son necesarias; de suerte que si engaña a alguien, sólo engaña a los ignorantes; pero siempre es fiel a los hijos de la ciencia.

PIRÓFILO

Lo que me decís es una verdad constante: ya había aprendido de Geber que sólo los espíritus, es decir, las sustancias volátiles, son capaces de penetrar los cuerpos, de unirse a ellos, de cambiarlos, de teñirlos, y de perfeccionarlos, cuando estos espíritus han sido despojados de sus partes groseras, y de su humedad combustible. Heme aquí plenamente satisfecho sobre este punto: pero como veo que la Piedra siente un enorme desprecio por el Oro, y se vanagloria de llevar en su seno un oro infinitamente más precioso; hacedme la merced de decirme, cuántas clases de Oro reconocen los Filósofos.

EUDOXIO

Para que nada tengáis que desear en lo tocante a la teoría y a la práctica de nuestra Filosofía, os diré que según los Filósofos hay tres clases de Oro.

El primero es un Oro astral, cuyo centro está en el sol, que con sus rayos les comunica al mismo tiempo que su luz, a todos los astros, que son inferiores a él. Es una sustancia ígnea, y una continua emanación de corpúsculos solares, que estando en perpetuo flujo y reflujo, por el movimiento del sol, y de los astros, llenan todo el universo; todo es penetrado por él en la inmensidad de los cielos sobre la tierra, y en sus entrañas, respiramos continuamente este Oro astral, estas partículas solares penetran en nuestros cuerpos y se exhalan de ellos sin cesar.

El segundo es un Oro elemental, es decir que es la más pura, y la más fija porción de los Elementos, y de todas las sustancias, que están compuestas de ellos; de suerte que todos los seres sublunares de los tres géneros, contienen en su centro un precioso grano de este Oro elemental.

El tercero es el hermoso metal, cuyo brillo, y perfección inalterables, le dan un precio, que hace que todos los hombres le consideren como el soberano remedio de todos los males, y de todas las necesidades de la vida, y como el único fundamento de la independencia, de la grandeza y del poder humano; por esto no sólo es codiciado por los más grandes Príncipes, sino también deseado. por todos los pueblos de la tierra.

Después de esto, ya no os será difícil concluir que el Oro metálico no es el de los Filósofos, y que no es sin fundamento, que en la disputa de que se trata aquí la Piedra le reproche, que no es tal, como piensa ser: sino que es ella, la que guarda en su seno el verdadero Oro de los Sabios, es decir las dos primeras clases de Oro, de las que acabo de hablar: pues, debéis saber que siendo la Piedra la porción más pura de los Elementos metálicos, después de la separación, y de la purificación, que le ha hecho el sabio, de ello se desprende que es propiamente el oro de la segunda especie; pero cuando este Oro perfectamente calcinado, y exaltado hasta la limpieza, y la blancura de la nieve, adquiere por el Magisterio una simpatía natural por el Oro astral, del que se ha convertido visiblemente en verdadero imán, atrae, y concentra en sí mismo una cantidad tan grande de Oro astral y de partículas solares, recibidas de la emanación continua que de ellas se hace en el centro del sol y de la luna, que se encuentra en la disposición próxima a ser el Oro vivo de los Filósofos, infinitamente más noble, que no podría ser vivificado por nuestro Oro vivo y por medio de nuestro Magisterio..

PIRÓFILO

¡Cuántas nubes disipáis en mi espíritu, y cuántos misterios Filosóficos me reveláis a la vez, con las cosas admirables que acabáis de decirme! Jamás podría daros todas las gracias que os merecéis. Os confieso que ya no me sorprende después de esto, que la Piedra quiera la preferencia por encima del Oro, y que desprecie su brillo, y su mérito imaginario; porque la parte más pequeña de lo que ella da a los Filósofos, vale más que todo el Oro del mundo. Tened, por favor, la bondad de continuar en mi obsequio, como habéis empezado; y hacedme la merced de decirme, ¿cómo puede la Piedra considerar un honor el ser una materia fluida, y no permanente; si todos los Filósofos afirman que es más fija que el propio Oro?

EUDOXIO

Veis que vuestro autor asegura, que la fluidez de la Piedra es ventajosa para el Artista; pero añade que es preciso, al mismo tiempo, que el Artista sepa la manera de extraer esta fluidez, es decir, esta humedad, que es la causa de su fluidez, y que es la única cosa de la que tiene necesidad el Filósofo, como ya os tengo dicho; de modo que ser fluido, volátil y no permanente, son cualidades tan necesarias a la Piedra en su primer estado, como lo son la fijeza y la permanencia, cuando está en el estado de su última perfección; es pues con razón como se enorgullece de ello tanto más justamente, cuanto que esta fluidez no impide que esté dotada de un alma fija, de lo que está el Oro: pero os digo una vez más, que el gran secreto consiste en saber la manera de extraer la humedad de la Piedra. Os he advertido ya, que aquí está verdaderamente la más importante llave del arte. Y es sobre este punto que el gran Hermes exclama: Bendita sea la forma acuosa que disuelve los Elementos. Dichoso pues el Artista que no conoce solamente la Piedra, sino que sabe además convertirla en agua. Lo que no puede hacerse con ningún otro medio, que no sea nuestro fuego secreto, que calcina, disuelve y sublima la Piedra.

PIRÓFILO

¿De dónde viene pues que entre cien Artistas, apenas se encuentre uno que trabaje con la Piedra, y que en vez de dedicarse todos a esta sola y única materia, única capaz de producir tan grandes maravillas, se apliquen al contrario casi todos en sujetos que no tienen ninguna de las calidades esenciales, que los Filósofos atribuyen a su Piedra?

EUDOXIO

Esto procede en primer lugar de la ignorancia de los Artistas, que no poseen tantos conocimientos como debieran tener de la naturaleza, ni de lo que ésta es capaz de operar en cada cosa; y en segundo lugar, esto viene de una falta de penetración de espíritu, que hace que se dejen engañar fácilmente por las expresiones equívocas que emplean los Filósofos, para ocultar a los ignorantes la materia y sus verdaderas preparaciones. A estos dos grandes defectos se debe que estos artistas acepten el cambio y se dediquen a sujetos en los que ven algunas de las cualidades exteriores de la verdadera materia Filosófica, sin reflexionar sobre los caracteres esenciales que la manifiestan a los sabios.




PIRÓFILO

Reconozco evidentemente el error de los que se imaginan que el Oro y el Mercurio vulgares son la verdadera materia de los Filósofos; y estoy muy persuadido de ello, para pretender esta ventaja sobre la Piedra, alegando en su favor estas palabras de Hermes: el Sol es su padre, y la Luna es su madre.

EUDOXIO

Este fundamento es frívolo; acabo de haceros ver lo que entienden los Filósofos cuando atribuyen al Sol y a la Luna los principios de la Piedra. El Sol y los astros son, en efecto, su primera causa; infunden a la Piedra el espíritu y el alma que le dan la vida y que hacen toda su eficacia. Por esto son su Padre y su Madre.


PIRÓFILO

Todos los Filósofos dicen como éste, que la Tintura Física está compuesta de un azufre rojo e incombustible y de un Mercurio claro y bien purificado: ¿es esta autoridad más fuerte que la anterior, para deber concluir que el Oro y el Mercurio son la materia de la Piedra?

EUDOXIO

No debéis olvidar que todos los Filósofos declaran unánimemente que el Oro y los metales vulgares no son sus metales; que los suyos son vivos y que los otros son muertos; tampoco debéis haber olvidado que os hice ver la autoridad de los Filósofos, apoyada en los principios de la naturaleza, de que la humedad metálica de la Piedra preparada y purificada contiene inseparablemente en su seno el azufre y el Mercurio de los Filósofos; que es por consiguiente la única cosa de una sola y misma especie, a la cual nada hay que añadir; y que sólo el Mercurio de. los sabios tiene su propio azufre, por medio del cual se coagula y se fija; debéis tener pues por verdad indudable que la mezcla artificial de un azufre y un Mercurio, sean los que fueren, diferentes de los que están naturalmente en la Piedra, no serán jamás la verdadera confección Filosófica.

PIRÓFILO

Pero esta gran amistad natural que hay entre el Oro y el Mercurio, y la unión que se hace tan fácilmente con ellos, ¿no son pruebas de que estas dos sustancias deben convertirse por una digestión adecuada, en una, perfecta, Tintura?



EUDOXIO

Nada más absurdo que esto: pues, cuando todo el Mercurio que se mezclase con el Oro, se convirtiese en Oro, lo cual es imposible; o que todo el Oro se convirtiese en Mercurio, o bien una sustancia intermedia; no se encontraría jamás más tintura solar en esta confección, de la que había en el oro, que se hubiese mezclado con el Mercurio y, por consiguiente, no tendría ninguna virtud contingente, ni ningún poder multiplicador. Aparte de que hay que tener por cierto que no se hará jamás una unión perfecta del Oro y el Mercurio, y que este fugitivo compañero abandonará el Oro en cuanto se sienta apremiado por la acción del fuego.

PIRÓFILO

No dudo en manera alguna de lo que acabáis de decirme; es un sentimiento que está de acuerdo con la experiencia de los más sólidos Filósofos, que se declaran abiertamente contra el Oro y el Mercurio vulgares: pero albergo al mismo tiempo un escrúpulo, de que siendo cierto que los Filósofos no dicen nunca menos la verdad, que cuando la explican abiertamente, ¿no podrían, en lo tocante a la exclusión evidente del Oro, engañar a los que toman sus palabras al pie de la letra? ¿O bien se debe tener por seguro, como dice este Autor, que los Filósofos sólo manifiestan su Arte cuando se sirven de símiles, de figuras y de parábolas?

EUDOXIO

Hay mucha diferencia entre declarar positivamente que tal o cual materia no es el verdadero sujeto del arte, como hacen en lo tocante al Oro y al Mercurio, y dar a conocer por medio de figuras y alegorías, los secretos más importantes a los hijos de la ciencia que tienen la ventaja de ver claramente las verdades Filosóficas, a través de los velos enigmáticos, con que los sabios saben cubrirlas En el primer caso, los Filósofos dicen negativamente la verdad sin equívocos; pero cuando hablan afirmativa y claramente sobre este tema, se puede concluir que los que se aferren al sentido literal de sus palabras serán indudablemente engañados. Los Filósofos no tienen medio más seguro, para ocultar su ciencia a los que son indignos de ella y manifestar a los Sabios, que explicarla sólo por alegorías en los puntos esenciales de su arte; esto hace decir a Artephius, que este arte es enteramente Cabalístico, para el entendimiento del cual, se necesita una especie de revelación; la más grande penetración de espíritu, sin el auxilio de un amigo fiel que posea estas grandes luces, es insuficiente para distinguir lo verdadero de lo falso; así es como imposible, que con la sola ayuda de los libros y del trabajo, se pueda llegar al conocimiento de la materia, y todavía menos a la. Comprensión de una práctica tan singular, por muy sencilla, por muy natural, y por muy fácil que pueda ser.

PIRÓFILO

Reconozco, por mi propia experiencia, cuán necesario es el auxilio de un verdadero amigo como sois vos. A falta del cual me parece que los Artistas, que tienen espíritu, buen sentido y probidad, no tienen mejor medio que conferenciar a menudo juntos, tanto sobre las luces que obtienen de la lectura de los buenos libros, como sobre los descubrimientos que hacen con su trabajo, a fin de que de la diversidad, y del choque, por decirlo así, de sus diferentes sentimientos, nazcan nuevos destellos de claridad, gracias a las cuales puedan llevar sus descubrimientos hasta el último término de esta ciencia secreta. No dudo de que vos aprobáis mi opinión: pero como sé que algunos Artistas tratan de visión, y de paradoja, el sentimiento de los Autores que sostienen con éste, que hay que buscar la perfección en las cosas imperfectas, os estaré profundamente agradecido, si queréis darme vuestra opinión sobre un punto que me parece de gran consecuencia.

EUDOXIO

Estáis ya persuadido de la sinceridad y de la buena fe de vuestro Autor; debéis ponerla tanto menos en duda sobre este punto, cuanto que está de acuerdo con los verdaderos Filósofos; y no podría demostrar mejor la verdad de lo que dice aquí, que empleando la misma razón que da él, siguiendo al sabio Raimundo Lulio. Pues es cosa constante que la naturaleza se detiene en sus producciones, cuando las ha conducido al estado y a la perfección que les conviene; por ejemplo, cuando de un agua mineral muy clara y muy pura, teñida por alguna porción de azufre metálico, produce la naturaleza una piedra preciosa, no sigue adelante; como hace cuando en las entrañas de la tierra ha formado el Oro con el agua Mercurial, madre de todos los metales, impregnada de un puro azufre solar; de suerte que como nos resulta imposible hacer un diamante, o un rubí, más precioso de lo que es en su especie; de la misma manera no está en poder del Artista, más aún, no está siquiera en poder de la naturaleza, llevar el Oro a una mayor perfección que la que le ha dado: sólo el Filósofo es capaz de llevar la naturaleza desde una imperfección indeterminada, hasta la máxima perfección. Es pues necesario que nuestro Magisterio produzca alguna cosa más que perfecta, y para lograrlo el Sabio debe empezar por una cosa imperfecta, la cual estando en el camino de la perfección, se encuentra en disposición natural de ser llevada hasta la máxima perfección, por el auxilio de un arte completamente divino, que puede ir más allá del término limitado de la naturaleza; y si nuestro arte no pudiese hacer un sujeto más que perfecto, no se podría tampoco hacer más perfecto lo que es imperfecto, y toda nuestra Filosofía sería una pura vanidad.



PIRÓFILO

No hay nadie que no deba rendirse a la solidez de vuestros razonamientos: pero se diría que este Autor se contradice aquí manifiestamente, cuando se hace decir a la Piedra, que el Mercurio común (por muy bien purgado que pueda estar) no es el Mercurio de los Sabios; por ninguna otra razón, sino a causa de que es imperfecto; puesto que, según él, si fuese perfecto, no se debería buscar en él la perfección.

EUDOXIO

Tened muy en cuenta esto, y comprended bien, que si el Mercurio de los Sabios ha sido elevado por el arte de un estado imperfecto a un estado perfecto, esta perfección no es del orden de aquella en la que detiene la naturaleza en la producción de las cosas, según la perfección de sus especies, tal como es la del Mercurio vulgar; sino al contrario, la perfección que el arte da al Mercurio de los Sabios, no es más que un estado medio, una disposición y una potencia, que le hace capaz de ser llevado por la continuación de la obra hasta el estado de más que perfección, que la da la facultad por el cumplimiento del Magisterio de perfeccionar después los imperfectos.

PIRÓFILO

Estas razones, por muy abstractas que sean, no dejan de ser sensatas y de causar impresión en el espíritu; en cuanto a mí os confieso que estoy de ello completamente convencido; tened la bondad, os lo ruego, de no hurtaros a la continuación de mis preguntas. Nuestro Autor asegura que el error en que incurran los Artistas, al tomar el Oro y el Mercurio vulgares por la verdadera materia de la Piedra, engañados en esto por el sentido literal de los Filósofos es la gran piedra de escándalo de un millar de personas; en cuanto a mí no sé cómo con la lectura y el buen sentido, puede uno aferrarse a una opinión que es visiblemente condenada por los verdaderos Filósofos.

EUDOXIO

Sin embargo, es así. Los Filósofos han recomendado en vano que nadie se deje engañar por el Mercurio, ni siquiera por el Oro vulgar; la mayoría de los artistas se aferran a ello tercamente, y con frecuencia después de haber trabajado inútilmente durante el transcurso de varios años, con materias extrañas, reconocen al fin la falta que han cometido, pero vienen sin embargo al Oro y al Mercurio vulgares, los cuales no les sirven de mucho más. Es verdad que hay Filósofos que pareciendo por lo demás muy sinceros, arrojan empero a los Artistas a este error; sosteniendo con toda seriedad que los que no conocen el Oro de los Filósofos, podrán no obstante encontrarlo en el oro común, cocido con el Mercurio de los Filósofos. Filaleteo es de esta opinión; asegura que el Trevisano, Zachaire y Flamel siguieron este camino; añade sin embargo que éste no es el verdadero camino de los Sabios, aunque conduzca al mismo fin. Pero estas seguridades, por muy sinceras que parezcan, no dejan de engañar a los Artistas, los cuales queriendo seguir al mismo Filaleteo en la purificación y la animación que enseña del Mercurio común, para hacer de él el Mercurio de los Filósofos (lo cual es un error muy grosero bajo el cual ocultó el secreto del Mercurio de los Sabios), emprender fundándose en su palabra una obra muy penosa y absolutamente imposible; así después de un largo trabajo lleno de contrariedades y de peligros no tienen mas que un Mercurio un poco más impuro de lo que era antes, en vez de un Mercurio animado de la quintaesencia celeste: error deplorable, que perdió y arruinó y que arruinará aún a un gran número de Artistas.

PIRÓFILO

Es una gran ventaja poder hacerse sabio a expensas del prójimo: por mi parte trataré de sacar provecho de este error, siguiendo a los buenos Filósofos y conduciéndome según las luces que vos me hacéis la merced de darme. Una de las cosas que más contribuye a la ceguera de los Artistas que se aferran al Oro y al Mercurio, es el dicho común de los Filósofos, a saber, que su Piedra está compuesta de macho y hembra, que el Oro hace el papel de macho, según ellos, y el Mercurio el de hembra; yo sé muy bien (como dice mi Autor) que no ocurre lo mismo con los metales, que con las cosas que tienen vida; sin embargo, os estaré profundamente agradecido si tenéis la bondad de explicarme en qué consiste está diferencia.

EUDOXIO

Es una verdad constante que la cópula del macho y la hembra es ordenada por la naturaleza para la generación de los animales, pero esta unión del macho y la hembra, para la producción del elixir, así como para la de los metales, es puramente alegórica, y tampoco es más necesario que para la producción de los vegetales, cuya semilla contiene por sí sola todo lo que se requiere para la germinación, el crecimiento y la multiplicación de las Plantas. Observaréis, pues, que la materia Filosófica, o el Mercurio de los Filósofos, es una verdadera semilla, la cual, aunque homogénea en su sustancia, no deja de ser de doble naturaleza; es decir que participa igualmente de la naturaleza del azufre y de la del Mercurio metálico, íntima e inseparablemente unidos, donde una hace el papel de macho y la otra el de hembra: por esto los Filósofos la llaman Hermafrodita, es decir que está dotada de dos sexos, de suerte que sin que haga falta mezclar ninguna otra cosa, basta ella sola para producir el hijo Filosófico cuya familia pueda multiplicarse hasta el infinito, de la misma manera que un grano de trigo podría con el tiempo, y el cultivo, producir una cantidad lo bastante grande para sembrar un vasto campo.



PIRÓFILO

Si estas maravillas son tan reales como son verosímiles, hay que confesar que la ciencia, que da su conocimiento, y que enseña su práctica, es casi sobrenatural y divina: pero para no apartarme de mi Autor, decidme, os lo ruego, si la Piedra no es muy atrevida al sostener altivamente, y sin alegar razones muy pertinentes, que sin ella es imposible hacer oro alguno ni plata alguna, que sean verdaderos. El Oro le disputa esta cualidad, apoyándose en razones que tienen mucha verosimilitud y le hace ver sus grandes defectos como ser de una materia grasa, impura, y venenosa, y que es al contrario una sustancia pura y sin defectos, de manera que me parece que esta alta pretensión de la Piedra, combatida con razones, que no parecen carecer de fundamento, merecería muy bien ser sostenida y demostrada con fuertes razones.

EUDOXIO

Lo que he dicho antes es más que suficiente para establecer la preeminencia de la Piedra por encima del Oro y de todas las cosas creadas: si prestáis atención, reconoceréis que la fuerza de la verdad es tan poderosa, que el oro, al querer desprestigiar la Piedra por los defectos que ésta tiene al nacer, establece sin proponérselo su superioridad por la más sólida de las razones que la Piedra pudiese alegar ella misma en su favor. Vedla aquí.

El Oro confiesa y reconoce que la Piedra funda su derecho de preeminencia en que es una cosa universal. ¿Se necesita más para condenar al Oro, y para obligarle a ceder ante la Piedra? Vos no ignoráis hasta qué punto está la materia universal por encima de la materia particular. Acabáis de ver que la Piedra es la porción más pura de los Elementos metálicos, y que por consiguiente es la materia prima del género mineral y metálico, y que cuando esta misma materia ha sido animada y fecundada por la unión natural que se hace con la materia puramente universal, se convierte en la Piedra vegetal, única capaz de producir todos los grandes efectos que los Filósofos atribuyen a las tres medicinas de los tres géneros. No se necesitan más fuertes razones para negar de una vez para siempre, al Oro y al Mercurio vulgares, sus imaginarias pretensiones; el Oro y el Mercurio, y todas las demás sustancias particulares, en las cuales terminó la naturaleza sus operaciones, tanto en el caso de que sean perfectas como en el de que sean absolutamente imperfectas, son enteramente inútiles o contrarias a nuestro arte.



PIRÓFILO

Estoy completamente convencido de ello; pero conozco varias personas que tratan a la Piedra de ridícula, por querer disputar al Oro su ancianidad. Este Autor sostiene esta misma paradoja y reprende al Oro por perderle el respeto a la Piedra, desmintiendo a la que es más vieja que él. Sin embargo, como la Piedra tiene su origen en los metales, me parece difícil comprender el fundamento de su ancianidad.

EUDOXIO

No es muy difícil tranquilizaros sobre esto: incluso me asombra que hayáis podido concebir esta duda; la Piedra es la primera materia de los metales, y por consiguiente está antes que el Oro y antes que todos los metales; si tiene su origen en ellos, o si nace de su destrucción, esto no quiere decir que sea una producción posterior a los metales; antes al contrario, es anterior a ellos, puesto que es la materia de que todos los metales fueron formados. El secreto del arte consiste en saber extraer de los metales esta primera materia, o este germen metálico que debe vegetar por la fecundidad del agua del mar Filosófico.

PIRÓFILO

Me habéis convencido de esta verdad y me parece que el Oro no tiene excusa de faltar al respeto a quien es más anciana que él, que tiene de su parte a los más antiguos y más grandes Filósofos. Hermes, Platón, Aristóteles están a su favor. Nadie ignora que son en esta disputa jueces irrecusables. Permitidme solamente haceros una pregunta sobre cada uno de los pasajes de estos Filósofos, que la Piedra ha citado aquí para demostrar por su autoridad que ella es la única y verdadera materia de los sabios.

El pasaje de la Tabla de Esmeralda del Gran Hermes, demuestra la excelencia de la Piedra, en cuanto hace ver que la Piedra está dotada de dos naturalezas, a saber, la de los Seres superiores y la de los seres inferiores, y que estas dos naturalezas, absolutamente parecidas, tienen un solo y mismo origen, de suerte que debemos concluir que estando perfectamente unidas en la Piedra, componen un tercer ser de una virtud inefable: pero no sé si vos seréis de mi opinión, en lo tocante a la traducción de este pasaje y el comentario de Hortulanus. Dice más o menos así: Lo que está abajo es como lo que está arriba; y lo que está arriba es como lo que está abajo. Se lee (digo yo) para hacer los milagros de una cosa. Yo encuentro que el original latino tiene un sentido completamente distinto: pues el quibus, que enlaza las últimas palabras con las precedentes, quiere decir que por estas cosas (es decir, por la unión de estas dos naturalezas) se hacen los milagros de una sola cosa. El para empleado por el traductor, y por el comentarista, destruye el sentido y la razón de un pasaje que es de por sí muy justo y muy inteligible. Decidme, por favor, si mi observación es fundada.

EUDOXIO

No solamente vuestra observación es muy justa, sino también muy importante. Os confieso que jamás había reflexionado sobre esto; vos desmentís con esto el proverbio, ya que el discípulo se eleva por encima del maestro. Pero como Yo había leído la Tabla de Esmeralda más a menudo en latín que en francés, el defecto de la traducción y del comentario no me había causado oscuridad, como puede hacer a los que sólo leen en francés este compendio de la sublime Filosofía de Hermes. En efecto, la naturaleza superior y la naturaleza inferior no son parecidas para operar milagros, sino que porque ellas son parecidas, se puede por ellas hacer los milagros de una sola cosa. Ved pues que soy completamente de vuestra opinión.

PIRÓFILO

Me alegro de haber hecho esta observación: dudaba de que pudiese merecer vuestra aprobación, y creo después de esto que los hijos de la ciencia me agradecerán también un poco que os haya arrancado una aclaración sobre este tema que satisfará sin duda a los discípulos del Gran Hermes. Es indudable que el sabio Aristóteles conoció perfectamente el gran arte. Lo que escribió de él, es una prueba cierta.: así en esta gran disputa la Piedra sabe prevalecer de la autoridad de este gran Filósofo, por un pasaje que contiene sus más singulares y más sorprendentes cualidades. Tened, por favor, la bondad de decirme cómo entendéis éstas: Ella se casa consigo misma; se embaraza a sí misma; nace de sí misma.

EUDOXIO

La Piedra se casa consigo misma: porque en su primera generación, es la naturaleza sola ayudada por el arte la que hace la perfecta unión de las dos sustancias que le dan el ser, de la cual resulta al mismo tiempo la depuración esencial del azufre y del Mercurio metálicos. Unión y boda tan naturales, que el artista que presta su mano, aportando las disposiciones requeridas, no podría hacer de ello una demostración por las reglas del arte, puesto que no podría siquiera comprender bien el misterio de esta unión.

La Piedra se embaraza a sí misma, cuando el arte que sigue ayudando a la naturaleza por medios absolutamente naturales, pone la Piedra en la disposición que le conviene para impregnarse a sí misma de la semilla astral que la hace fecunda y multiplicadora de especie.

La Piedra nace de sí misma: porque después de haberse casado y embarazado ella misma, no haciendo el arte otra cosa que ayudar a la naturaleza por la continuación de un calor necesario para la generación, toma un nuevo nacimiento de sí misma, de modo idéntico a como el Fénix renace de sus cenizas; se convierte en el hijo del sol, en la medicina universal de todo lo que tiene vida, y en el verdadero Oro vivo de los Filósofos que por la continuación del auxilio del arte y del ministerio del Artista, adquiere en poco tiempo la Diadema Real y el poder soberano sobre todos sus hermanos.

PIRÓFILO

Concibo muy bien que a base de estos mismos principios, no es difícil comprender todas las demás cualidades que Aristóteles atribuye a la Piedra, como de matarse ella misma; de recobrar la vida por sí misma; de disolverse ella misma en su propia sangre; de coagularse de nuevo con él, y de adquirir en fin todas las propiedades de la Piedra Filosofal. Después de esto ni siquiera encuentra dificultades en el pasaje de Platón. Os ruego sin embargo que queráis explicarme lo que quiere decir este antiguo, con todos los que le siguieron, a saber, que la Piedra tiene un cuerpo, un alma y un espíritu, y que todas las cosas son de ella, por ella, y en ella.

EUDOXIO

Platón habría debido, en el orden natural, pasar delante de Aristóteles que era su discípulo, y que es posible que aprendiese de aquél la Filosofía secreta en la que quería que Alejandro Magno le creyese perfectamente instruido, a juzgar por algunos pasajes de los escritos de este Filósofo, pero este orden es poco importante, y si examináis bien el pasaje del Platón y el de Aristóteles, no los encontraréis muy diferentes en el sentido: para responder empero a la pregunta que me hacéis, os diré solamente que la Piedra tiene un cuerpo porque es, como ya os he dicho anteriormente, una sustancia toda metálica que le da el peso; que tiene un alma, que es la sustancia más pura de los Elementos, en la cual consiste su fijeza y su permanencia; que tiene un espíritu, que hace la unión del alma con el cuerpo; le viene particularmente de la influencia de los astros, y es el vehículo de las tinturas. Tampoco os costará mucho concebir que todas las cosas son de ella, por ella y en ella, puesto que ya habéis visto que la Piedra no es solamente la primera materia de todos los seres contenidos en el género mineral y metálico, sino que también está unida a la materia universal, de la que nacieron todas las cosas, y ahí está el fundamento de los últimos atributos que Platón da a la Piedra.



PIRÓFILO

Como veo que la Piedra no se atribuye solamente. las propiedades universales, sino que pretende también que el éxito que algunos Artistas tuvieron en ciertos procedimientos particulares se debieron únicamente a ella, os confieso que me cuesta un poco comprender cómo pudo hacerse esto.

EUDOXIO

Sin embargo, este Filósofo lo explica con bastante claridad. Dice que algunos Artistas que conocieron imperfectamente la Piedra y que sólo supieron una parte de la obra, habiendo sin embargo trabajado con la Piedra, y encontrado el medio de separar su espíritu que contiene su tintura, consiguieron comunicar algunas partes a metales imperfectos que tienen afinidad con la Piedra, pero que por no haber poseído un conocimiento completo de sus virtudes, ni de la manera de trabajar con ella, su trabajo no les resultó de gran utilidad, además de que el número de estos Artistas es seguramente muy pequeño.

PIRÓFILO

Es natural deducir de lo que acabáis de decirme que hay personas que tienen la Piedra entre las manos, sin conocer todas sus virtudes o bien, si las conocen, no saben cómo hay que trabajar con ella para triunfar en la gran obra, y que esta ignorancia es causa de que su trabajo no tenga ningún éxito. Os ruego que me digáis si es así.

EUDOXIO

Sin duda, muchos Artistas poseen la Piedra; unos la desprecian como cosa vil, otros la admiran a causa de los caracteres en cierto modo sobrenaturales que trae al nacer, sin conocer empero todo lo que ella vale. Hay en fin quienes no ignoran que es el verdadero sujeto de la Filosofía, pero las operaciones que tienen que hacer los hijos del arte sobre este noble sujeto les son completamente desconocidas, porque los libros no las enseñan, y todos los Filósofos ocultan este arte admirable que convierte la Piedra en Mercurio de los Filósofos, y que enseña a hacer de este Mercurio la Piedra Filosofal. Esta primera práctica es la obra secreta, con respecto a la cuál sólo se manifiestan los Sabios por medio de alegorías, o por enigmas impenetrables, o bien no hablan de ello en absoluto. Éste es, como ya he dicho, la gran piedra de escándalo con la que tropiezan casi todos los Artistas.

PIRÓFILO

¡Dichosos los que poseen estos grandes conocimientos! En cuanto a mí, no puedo jactarme de haber llegado a este punto; quisiera saber cómo podría agradeceros bastante el haberme dado todas las aclaraciones que podía razonablemente esperar de vos, sobre los pasajes más esenciales de esta Filosofía, así como sobre todos los demás, acerca de los cuales habéis querido responder a mis preguntas; os ruego encarecidamente que no os canséis, pues tengo aún que haceros algunas que me parecen de enorme consecuencia. Este Filósofo asegura que el error de los que trabajaron con la Piedra y que no triunfaron, se debió a que no conocieron el origen de donde vienen las tinturas. Si el origen de esta fuente Filosófica es tan secreto y tan difícil de descubrir, es natural que muchas personas estén engañadas: pues todas creen generalmente que los metales y los minerales y particularmente el Oro, contienen en su centro la tintura capaz de transmutar los metales imperfectos.

EUDOXIO

Esta fuente de agua viviente está a la vista de todo el mundo, dice el Cosmopolita, y poca gente la conoce. El oro, la plata, los metales y los minerales, no contienen una tintura multiplicadora hasta el infinito; sólo los metales vivos de los Filósofos que obtuvieron del arte y de la naturaleza esta facultad multiplicadora: pero también sólo aquellos que están perfectamente instruidos en los misterios Filosóficos, conocen el verdadero origen de las tinturas. Vos no estáis entre los que ignoran de dónde extraen los Filósofos sus tesoros sin miedo a agotar su fuente. Os he dicho claramente y sin ambigüedad, que el Cielo y los astros, pero particularmente el sol y la luna, son el principio de esta fuente de agua viva, única capaz de operar todas las maravillas que sabéis. Por esto dijo el Cosmopolita en su enigma, que no había agua en la Isla deliciosa que describe, que toda aquella que la gente se esforzaba en traerle por medio de máquina y de artificios, era inútil, o venenosa, salvo aquella que pocas personas sabían extraer de los rayos del sol o de la luna. La manera de hacer bajar este agua del Cielo, es ciertamente maravillosa; está en la Piedra, que contiene el agua central, la cual es ciertamente una sola y misma cosa con el agua celestial, pero el secreto consiste en saber convertir la Piedra en un Imán que atrae, abraza y une a sí esta quintaesencia astral, para formar juntos una sola esencia, perfecta y más que perfecta, capaz de dar la perfección a los imperfectos, después del cumplimiento del Magisterio.

PIRÓFILO

¡Cuán agradecido os estoy por querer revelarme misterios tan grandes cuyo conocimiento jamás podría esperar alcanzar, sin el auxilio de vuestras luces! Pero ya que os parece bien que continúe, permitidme, por favor, que os diga que hasta ahora no había visto un Filósofo que declarase, con tanta exactitud como éste, que había que dar una mujer a la Piedra, haciéndola hablar en estos términos. Si estos Artistas hubiesen llevado más lejos su estudio y hubiesen examinado cuál es la mujer que me es propia; si la hubiesen buscado y me hubiesen unido a ella, entonces habría podido teñir mil veces más. Aunque me doy cuenta dé que este pasaje tiene una relación total con el precedente, os confieso empero que esta expresión de una mujer conveniente a la Piedra, no deja de turbarme.

EUDOXIO

Sin embargo, gran cosa es que ya os deis cuenta por vos mismo, de que este pasaje tiene relación con el que acabo de explicaros, es decir, que juzguéis con razón que la mujer propia de la Piedra y que debe unírsele, es esta fuente de agua viva, cuyo origen totalmente celestial que tiene particularmente su centro en el sol y en la luna, produce este claro y precioso riachuelo de los Sabios, que se vierte en el mar de los Filósofos, que rodea a todo el mundo; no es, sin fundamento, que llama este Autor mujer de la piedra a esta divina fuente; algunos la representaron en forma de una Ninfa celestial, otros le dan el nombre de la casta Diana, cuya pureza y cuya virginidad no se ven manchadas por el lazo espiritual que la une a la Piedra; en una palabra, esta conjunción magnética es la boda mágica del Cielo con la tierra, de la que hablaron algunos Filósofos: de suerte que el origen fecundo de la tierra Física que realiza tan grandes maravillas, nace de esta unión conyugal absolutamente misteriosa.

PIRÓFILO

Siento con indecible satisfacción todo el efecto de las luces de que vos me hacéis partícipe, y ya que hemos llegado a este punto, permitidme, os lo ruego, que os pregunte una cosa que aun hallándose fuera del texto de este Autor, no deja de ser esencial a este respecto. Os suplico que me digáis, si la boda mágica del Cielo con la tierra puede hacerse en todo tiempo, o si hay estaciones del año que son más convenientes que otras para celebrar estas Nupcias Filosóficas.

EUDOXIO

He ido ya demasiado lejos para negaros una aclaración tan necesaria y tan razonable. Varios Filósofos señalaron la estación del año más propicia para esta operación. Unos no hicieron misterio alguno de ello, otros más reservados sólo explicaron este punto con parábolas. Los primeros nombraron el mes de marzo y la primavera. Zachaire y algunos otros Filósofos, dicen que empezaron la obra en Pascua, y que la terminaron felizmente en el curso del año. Otros se limitan a presentar el jardín de las Hespérides esmaltado de flores y particularmente de violetas y de jacintos, que son los primeros productos de la primavera, dice, para indicar que la estación más propicia para el trabajo Filosófico, es aquella en que todos los seres vivos, sensitivos y vegetales, parecen animados por un fuego nuevo que los empuja recíprocamente al amor y a la multiplicación de su especie, que Venus es la diosa de esta Isla encantadora, en la cual descubrió él muy pronto todos los secretos de la naturaleza: pero para señalar más exactamente esta estación, dice que se veían pacer corderos y toros en el prado, acompañados de dos jóvenes pastores, expresando claramente con esta alegoría espiritual, los tres meses de la Primavera, mediante los tres signos celestes que les corresponden: Aries, Tauro y Géminis.

PIRÓFILO

Me encantan estas interpretaciones. Los que son más ilustrados que yo en estos misterios, tal vez no harán tanto caso como yo de la revelación de estos enigmas, cuyo sentido ha sido, empero, impenetrable hasta hoy para muchos de ellos que creen, por otra parte, entender. muy bien a los Filósofos. Estoy persuadido del alto valor de semejante aclaración, capaz de hacer ver claro en otras oscuridades más importantes; en efecto, pocas personas se imaginan que las violetas y los jacintos de D´Espagnet y los animales con cuernos del jardín de las Hespérides; el vientre y la casa del carnero de el Cosmopolita, y de Filaleteo; la Isla de la diosa Venus, los dos pastores y todo lo demás que acabáis de explicarme, signifiquen la estación de la Primavera. No soy el único que debe daros mil gracias por haber accedido a revelar estos misterios; estoy seguro de que en el curso de los tiempos, habrá un gran número de hijos de la ciencia que bendecirán vuestra memoria, por haberles abierto los ojos sobre un punto, que es más esencial para este gran arte que todo lo que pudieron imaginar.

EUDOXIO

Tenéis razón en lo de que no se puede estar seguro de entender a los Filósofos, a menos de que se tenga un conocimiento completo de las menores cosas que han escrito. El conocimiento de la estación adecuada para trabajar en el principio de la obra, no es de nimias consecuencias; he aquí la razón fundamental de ello. Como el sabio pretende hacer por nuestro arte una cosa que está por encima de las fuerzas ordinarias de la naturaleza, como ablandar una piedra y hacer vegetar un germen metálico, se ve indispensablemente obligado a entrar por una profunda meditación en el más secreto interior de la naturaleza, y a valerse de los medios sencillos pero eficaces que ella le proporciona; ahora bien, no debéis ignorar que la naturaleza desde el principio de la Primavera, para renovarse e imprimir a todas las semillas que están en el seno de la tierra el movimiento que es propio de la vegetación, impregna todo el aire que envuelve la tierra, de un espíritu móvil y fermentativo que tiene su origen en el padre de la naturaleza; es propiamente un nitro sutil que hace la fecundidad de la tierra de la que es alma, y que el Cosmopolita llama el salitre de los Filósofos. Es pues, en esta fecunda estación que el sabio Artista, para hacer germinar su simiente metálica, la cultiva, la rompe, la humedece, la riega con este prolífico rocío, y le da a beber todo lo que requiere el peso de la naturaleza; de esta suerte el germen Filosófico que concentra este espíritu en su seno, es animado y vivificado por él, y adquiere. las propiedades que le son esenciales para convertirse en la Piedra vegetal y multiplicadora. Espero que os habrá satisfecho este razonamiento que se funda en las leyes y en los principios de la naturaleza.


PIRÓFILO

Imposible que pueda estar más satisfecho de lo que estoy; me facilitáis unos conocimientos que los Filósofos ocultaron tras un velo impenetrable, y me decís cosas importantes, de modo que de buen grado seguiría con mis preguntas para aprovecharme de la bondad que tenéis de no disfrazar nada; pero, para no abusar, vuelvo al pasaje de mi Autor, donde la Piedra dice al Oro y al Mercurio que es imposible que se realice una verdadera unión entre sus dos sustancias; porque (les dice) no sois un sólo cuerpo, sino dos cuerpos juntos, y por consiguiente sois contrarios, si consideramos las leyes de la naturaleza. Sé muy bien que, siendo imposible según las leyes de la naturaleza, la penetración de las sustancias, su perfecta unión también lo es, y que en este sentido, dos cuerpos son contrarios el uno del otro: sin embargo, como casi todos los Filósofos aseguran que el Mercurio es la primera materia de los metales, y que según Geber no es un cuerpo, sino un espíritu que penetra los cuerpos y particularmente el del Oro, por el cual tiene una visible simpatía, ¿no es verosímil que estas dos sustancias, este cuerpo y este espíritu puedan unirse perfectamente para no hacer más que una sola y misma cosa de una misma naturaleza?

EUDOXIO

Observad que hay dos errores en vuestro razonamiento; el primero, que creéis que el Mercurio común es la primera y simple materia de que están formados los metales en las minas, y esto no es así. El Mercurio es un metal, que por tener menos azufre y menos impurezas terrestres que los otros metales, permanece líquido y fluido, se une con los metales, pero particularmente con el Oro, por ser el más puro de todos; y se une menos fácilmente con los otros metales en proporción de la mayor o menor impureza de su composición natural. Debéis saber, pues, que hay una primera materia de los metales de la que el propio Mercurio está formado, es un agua viscosa y Mercurial, que es el agua de nuestra Piedra. He aquí la opinión de los verdaderos Filósofos.

Sería demasiado prolijo si quisiera exponerse aquí todo lo que hay que decir sobre este tema. Paso al segundo error de vuestro razonamiento y que es que os imagináis que el Mercurio común es un espíritu metálico que, según Geber, puede penetrar interiormente y teñir los metales, unirse y permanecer con ellos, después de haber sido artificiosamente fijado. Pero debéis considerar que el Mercurio es llamado espíritu por Geber, sólo porque vuela del fuego a causa de la movilidad de su sustancia homogénea: sin embargo, esta propiedad no le impide ser un cuerpo metálico, el cual por esta razón no puede jamás unirse tan perfectamente con otro metal que no se separe siempre de él, cuando se siente empujado por la acción del fuego. La experiencia muestra la evidencia de este razonamiento y por consiguiente la Piedra tiene razón al decirle al Oro que jamás puede hacerse una perfecta unión entre él y el Mercurio.

PIRÓFILO

Comprendo muy bien que mi razonamiento era erróneo, y para deciros la verdad, jamás pude imaginar que el Mercurio común fuese la primera materia de los metales, aunque muchos grandes Filósofos planteen esta verdad, como uno de los fundamentos del arte. Y estoy persuadido de que no se puede encontrar en las minas la verdadera materia prima de los metales, separada de los cuerpos metálicos; no es más que un vapor, un agua viscosa, un espíritu invisible, y creo en una palabra que la semilla se encuentra solamente en el fruto. No sé si hablo acertadamente, pero creo que ahí está el verdadero sentido de las aclaraciones que habéis querido hacerme.

EUDOXIO

No se podrían haber comprendido mejor de lo que vos lo habéis hecho, estas verdades conocidas por pocas personas. Produce satisfacción hablar francamente con vos de los misterios Filosóficos. Veamos cuales son las preguntas que aún tenéis que hacerme.

PIRÓFILO

No sé si la Piedra se contradice a sí misma cuando se vanagloria de tener un cuerpo imperfecto con un alma constante y una tintura penetrante; éstas dos grandes perfecciones me parecen incompatibles en un cuerpo imperfecto.

EUDOXIO

Se diría aquí que habéis olvidado ya una verdad fundamental, de la que anteriormente estabais plenamente convencido; recordad, pues, que si el cuerpo de la Piedra no fuese imperfecto, aunque con una imperfección en la que la naturaleza no ha terminado su operación, no se podría buscar en ella y menos aún encontrar en ella la perfección. Sentado esto, os será muy fácil juzgar que la constancia de alma y la perfección de la tintura, no están actualmente en estado de manifestarse en 1a Piedra, ni mientras ésta permanece en su estado imperfecto ni cuando por la continuación de la obra, la sustancia de la Piedra ha pasado de la imperfección a la perfección, y de la perfección a la máxima perfección, y la constancia de su espíritu y la eficacia de su tintura, se encuentran reducidas de la potencia al acto, de suerte que el alma, el espíritu y el cuerpo de la Piedra igualmente exaltados, componen un todo de una naturaleza y de una virtud incomprensibles.

PIRÓFILO

Ya que mis preguntas os dan pie a decir cosas tan singulares, no os parezca mal, os lo ruego, que continúe. Yo he estado siempre persuadido de que la Piedra de los Filósofos es una sustancia real que cae bajo los sentidos; sin embargo, veo que este Autor asegura lo contrario, diciendo que nuestra Piedra es invisible. Os aseguro que por muy buena opinión que tenga de este filósofo, habrá de permitirme que no coincida con él en este punto.

EUDOXIO

Espero, sin embargo, que pronto coincidiréis. Este filósofo no es el único que habla en estos términos: la mayoría hablan de la misma manera que él; y a decir verdad, nuestra Piedra es propiamente invisible, tanto en lo respecta a su materia, como en lo que respecta a su forma. En lo que respecta a su materia, porque aunque nuestra Piedra, o bien nuestro Mercurio (no hay diferencia alguna) existe realmente, es empero verdad que no aparece a nuestros ojos, a menos que el artista no le eche una mano a la naturaleza para ayudarla a traer al mundo esta producción Filosófica; esto hizo decir al Cosmopolita, que el sujeto de nuestra Filosofía tiene una existencia real; pero que no se deja ver, si no es cuando quiere el artista hacerla aparecer.

La Piedra no es menos invisible en lo que respecta a su forma; llamo aquí su forma, al principio de sus admirables facultades, dado que este principio, esta energía de la Piedra, y este espíritu en el cual reside la eficacia de su tintura, es una pura esencia astral impalpable, la cual sólo se manifiesta por los efectos sorprendentes que produce. Los Filósofos hablan a menudo de su Piedra considerada en este sentido. Hermes lo entiende así cuando dice que el viento la lleva en su vientre; y el Cosmopolita no se aleja en absoluto de este Padre de la Filosofía, cuando asegura que nuestro sujeto está ante los ojos de todo el mundo; que nadie puede vivir sin él, y que todas las Criaturas se sirven de él, pero que pocas personas la perciben. Pues bien, ¿no sois de la opinión de vuestro Autor, y no confesáis que de cualquier manera que consideréis la Piedra es cierto decir que es invisible?

PIRÓFILO

Sería preciso que no tuviese espíritu, ni razón, para no estar de acuerdo con una verdad que me hacéis tocar con el dedo, mostrándome al mismo tiempo el sentido más oculto y más misterioso de las escrituras Filosóficas. Me siento tan ilustrado por todo lo que me decís, que me parece que ni los Autores más abstractos volverán a parecerme oscuros; sin embargo, os agradecería mucho que tuvierais a bien darme vuestra opinión con respecto a la proposición que formula este Autor, de que no es posible buscar la posesión del Mercurio Filosófico de otro modo que por medio de dos cuerpos, uno de los cuales no puede recibir la perfección sin el otro. Este pasaje me parece tan positivo y tan preciso, que no dudo de que sea fundamental en la práctica de la obra.

EUDOXIO

Seguramente no hay otro más fundamental, puesto que este Filósofo os indica en este lugar cómo se forma la Piedra sobre la cual está fundada toda nuestra Filosofía; en efecto, nuestro Mercurio o nuestra Piedra, nace de dos cuerpos: observad sin embargo, que no es la mezcla de dos cuerpos lo que produce nuestro Mercurio o nuestra Piedra: pues acabáis de ver que los cuerpos son contrarios y que no se puede hacer con ellos una perfecta unión: sino que nuestra Piedra nace al contrario de la destrucción de dos cuerpos, los cuales actuando el uno sobre el otro como el varón y la hembra, o como el cuerpo y el espíritu, de una manera tan natural, como incomprensible para el artista, que presta la ayuda necesaria, dejan enteramente de ser lo que eran antes, para sacar a la luz una producción de una naturaleza y de un origen maravilloso, y que tiene todas las disposiciones necesarias para ser llevada por el arte y por la naturaleza, de perfección en perfección, hasta el grado soberano que está por encima de la naturaleza misma.

Observad también que estos dos cuerpos que se destruyen y se confunden el uno en el otro para la producción de una tercera sustancia, y uno de los cuales hace el papel de varón y el otro de hembra, son dos agentes que despojándose de su más grosera sustancia en esta acción, cambian de naturaleza para traer al mundo un hijo de un origen más noble y más ilustre que el padre y la madre que le dieron el ser; así muestra al nacer unas marcas visibles que hacen ver evidentemente que el Cielo presidió su nacimiento.

Observad además que nuestra piedra renace varias veces diferentes, pero que en cada uno de sus nuevos nacimientos tiene siempre su origen en dos cosas. Acabáis de ver cómo empieza naciendo de dos cuerpos: habéis visto que se casa con una Ninfa Celeste, después de haber sido despojada de su forma terrestre para no hacer más que una sola y misma cosa con ella; sabed también que después de haber aparecido de nuevo la Piedra bajo una forma terrestre, tiene que casarse una vez más con una esposa de su misma sangre; de modo que son siempre dos cosas que producen una sola, de una sola y misma especie, y como es una verdad constante, que en todos los diferentes estados de la Piedra, las dos cosas que se unen para darle nuevo nacimiento, vienen de una sola y misma cosa; es también sobre este fundamento de la naturaleza, que apoya el Cosmopolita una verdad incontestable en nuestra Filosofía, a saber, que de uno se hacen dos, y de dos uno, en lo cual terminan todas las operaciones naturales y Filosóficas sin poder ir más lejos.


PIRÓFILO

Me hacéis tan inteligibles y tan palpables estas sublimes verdades, por muy abstractas que sean, que las concibo casi con tanta evidencia, como si fuesen demostraciones Matemáticas. Permitidme, por favor, pediros aún algunas aclaraciones, a fin de que no me quede ninguna duda en lo que respecta a la interpretación de este Autor. He comprendido muy bien que la Piedra nacida de dos sustancias de una misma especie, es un todo homogéneo, y un tercer ser dotado de dos naturalezas que lo hacen suficiente por sí mismo para la generación del hijo del sol: pero me cuesta un poco comprender bien, ¿cómo entiende este Filósofo que la única cosa con que se hace la medicina universal es el agua y el espíritu del cuerpo?

EUDOXIO

El sentido de este pasaje os parecería evidente por sí mismo, si recordaseis que la primera y más importante operación de la práctica de la primera obra, es reducir en agua el cuerpo, que es nuestra Piedra, y que este punto es el más secreto de nuestros misterios. Os he hecho ver que esta agua debe ser vivificada y fecundada por una semilla astral y por un. espíritu celeste, en el cual reside toda la eficacia de la tintura Física: de suerte que si reflexionáis sobre ello, confesaréis que no hay verdad más evidente en nuestra Filosofía que, aquella que vuestro Autor enuncia aquí, a saber, que la única cosa que necesita el sabio para hacer todas las cosas, no es más que el agua y el espíritu del cuerpo. El agua es el cuerpo y el alma de nuestro sujeto; la semilla astral es su espíritu; por esto los Filósofos aseguran que su materia tiene un cuerpo, un alma y un espíritu.

PIRÓFILO

Confieso que me cegaba a mí mismo y que si hubiese reflexionado bien sobre ello, no habría concebido ninguna duda sobre este pasaje: pero he aquí otro, que no es, sin embargo, objeto de duda; pero que no deja por esto de hacerme desear que tengáis la bondad de decirme vuestra opinión sobre estas palabras: a saber, que la única cosa que es sujeto del arte y que no tiene par en el mundo, es sin embargo vil, y se puede tenerla por poco precio.

EUDOXIO

Esta cosa tan preciosa por los dones excelentes que le otorgó el Cielo, es verdaderamente vil en lo que atañe a las sustancias que le dan origen. Su precio no está por encima de las posibilidades de los pobres. Diez sueldos son más que suficientes para adquirir la materia de la Piedra.. Sin embargo, los instrumentos. y los medios necesarios para proseguir las operaciones del arte, requieren algún gasto, esto hizo decir a Geber que la obra no es para los pobres. La materia es, pues, vil, si consideramos el fundamento del arte, puesto que cuesta muy poco; no es menos vil, si se considera exteriormente, lo que le da la perfección, puesto que a este respecto no cuesta nada en absoluto, ya que todo el mundo lo tiene en su poder, dice el Cosmopolita, de suerte que tanto si distinguís estas cosas como si las confundís (como hacen los Filósofos, para engañar a los tontos y a los ignorantes), es una verdad constante que la Piedra es una cosa vil en un sentido: pero que es muy preciosa en otro y que sólo los locos la desprecian por justo juicio de Dios.

PIRÓFILO

Pronto estaré tan instruido como puedo desear; hacedme solamente la merced de decirme cómo se puede saber cuál es el verdadero camino de los Filósofos, puesto que ellos describen varios diferentes, y que parecen con frecuencia opuestos. Sus libros están llenos de una infinidad de operaciones diversas; a saber, de conjunciones, calcinaciones, mezclas, separaciones, sublimaciones, destilaciones, coagulaciones, fijaciones, desecaciones, sobre cada una de las cuales escriben capítulos enteros, lo cual pone a los Artistas en tal aprieto que les es casi imposible salir de él felizmente. Este Filósofo insinúa, al parecer, que como no hay más que una cosa en este gran arte, tampoco hay más que un camino; y por toda razón, dice, que la solución del cuerpo sólo se hace en su propia sangre. Nada encuentro en todo este escrito donde vuestras luces me sean más necesarias que en este punto, que concierne a la práctica de la obra, sobre la cual todos los Filósofos hacen propósito de callarse: os conjuro a que no me las neguéis.

EUDOXIO

No es sin mucha razón que me hacéis esta demanda: concierne al punto esencial de la obra, y yo quisiera de todo corazón poder responder a ella tan directamente como he hecho a muchas de vuestras demás preguntas. Os aseguro que os he dicho siempre la verdad; quisiera ahora hacer lo mismo, pero ya sabéis que los misterios de nuestra ciencia sólo pueden enseñarse con términos misteriosos. Os diré no obstante, sin equívocos, que la intención general de nuestro arte es purificar exactamente, y sutilizar una materia en sí misma inmunda y grosera. He aquí una verdad muy importante que merece vuestra reflexión.

Observad que, para llegar a este fin, se requieren varias operaciones, que tendiendo todas sólo a un mismo fin, no son en el fondo consideradas por los Filósofos más que como una sola y misma operación, diversamente continuada. Observad que el fuego separa ante todo las partes heterogéneas, y junta las partes homogéneas de nuestra Piedra: que el fuego secreto produce después el mismo efecto; pero más eficazmente introduciendo en la materia un espíritu ígneo, que abre interiormente la puerta secreta que sutiliza y sublima las partes puras, separándolas de las partes terrestres y quemables. La solución que se hace después por la adición de la quintaesencia astral, que anima la Piedra, hace una tercera depuración, y la destilación termina por completo, purificando así y sutilizando la Piedra en varios grados diferentes, a los cuales solían los Filósofos dar nombres de otras tantas operaciones diferentes y de conversión de los elementos; se la eleva hasta la perfección, que es la disposición siguiente para llevarla a la más que perfección, por un régimen proporcionado a la intención final del arte, es decir, hasta la perfecta fijación. Veis pues que propiamente hablando, no hay más que una intención en la primera obra, que si los Filósofos describen varias, es porque consideran los diferentes grados de depuraciones, como otras tantas operaciones y caminos diferentes, con la intención (según observa muy bien su Autor) de ocultar este gran arte.

En cuanto a las palabras con las que concluye su Autor, a saber, que la solución del cuerpo sólo se hace en su propia sangre, debo haceros observar que, en nuestro arte, se hace en tres tiempos diferentes, tres soluciones esenciales, en las cuales el cuerpo sólo se disuelve en su propia sangre, es al principio, en mitad y al final de la obra; observad bien esto. Os he hecho ver ya que en las principales operaciones del arte, hay siempre dos cosas que producen una, que de estas dos cosas una hace el papel de varón y la otra de hembra; una es el cuerpo, la otra es el espíritu: debéis hacer aquí la aplicación. A saber, que en las tres soluciones de que os hablo, el varón y la hembra, el cuerpo y el espíritu, no son otra cosa que el cuerpo y la sangre, y que estas dos cosas son de una misma naturaleza y de una misma especie; de suerte que la solución del cuerpo en su propia sangre, es la solución del varón por la hembra y la del cuerpo por su espíritu. He aquí el orden de estas tres soluciones importantes.

En vano intentaréis por el fuego la verdadera solución del varón en la primera operación, no la obtendríais jamás, sin la conjunción de la hembra; es en sus abrazos recíprocos cómo se confunden y se cambian uno a otro, para producir un todo homogéneo, diferente de los dos. En vano habríais abierto y sublimado el cuerpo de la Piedra, ésta os sería completamente inútil si no le hicieseis desposar con la mujer que le destinó la naturaleza; ella es este espíritu, en el cual tuvo el cuerpo su primer origen; así, se disuelve en él, como hace el hielo al calor del fuego, tal como observa muy bien vuestro Autor. En fin, trataríais en vano de hacer la perfecta solución del mismo cuerpo, si no reiteraseis sobre él la efusión de su propia sangre, que es su menstruo natural, su mujer y su espíritu todo junto, con el cual se une íntimamente, de modo que no hacen más que una sola y misma sustancia.

PIRÓFILO

Después de todo lo que acabáis de revelarme, nada más tengo que preguntaros sobre la interpretación de este Autor. Comprendo muy bien todas las otras ventajas que atribuye a la Piedra, por encima del Oro y del Mercurio. Concibo también que el despecho de estos dos Campeones, les llevó a unir sus fuerzas, para vencer a la Piedra por las armas, no habiendo podido dominarla por la razón: pero, ¿cómo entendéis vos que la Piedra los dispersó y los destruyó al uno y al otro, de suerte que no quedó el menor vestigio?

EUDOXIO

¿Ignoráis que el Gran Hermes dijo que la piedra es la fuerza fuerte de toda fuerza? pues vencerá a toda cosa sutil, y penetrará en toda cosa sólida. Esto es lo que dice aquí vuestro Filósofo en otros términos, para enseñaros que la potencia de la Piedra es tan grande, que nada es capaz de resistirle. Supera en efecto a todos los metales imperfectos, transmutándolos en metales perfectos, de tal manera que no queda ningún vestigio de lo que eran con anterioridad.


PIRÓFILO

Comprendo muy bien estas razones, pero a pesar de todo me queda una duda en lo que atañe a los metales perfectos; el Oro, por ejemplo, es un metal constante y perfecto al que la Piedra no podría devorar.

EUDOXIO

Vuestra duda carece de fundamento: pues de la misma manera que la Piedra, propiamente hablando, no engulle los metales imperfectos, sino que los cambia talmente de naturaleza, que no queda nada que revele lo que eran con anterioridad, así la piedra al no poder engullir el Oro ni transmutarlo en un metal más perfecto lo transmuta en medicina mil veces más perfecta que el Oro, puesto que entonces puede él transmutar mil veces otro tanto de metal imperfecto según el grado de perfección que la piedra recibió del Magisterio.

PIRÓFILO

Reconozco el poco fundamento que tenía mi duda: pero a decir verdad, hay tanta sutileza en las menores palabras de los Filósofos, que no debe pareceres extraño que me haya detenido a menudo en cosas que debían parecerme bastante inteligibles por sí mismas. Sólo me quedan dos preguntas que haceros, con respecto a los dos consejos que da mi Autor a los hijos de la ciencia sobre la manera de proceder, y el fin que deben proponerse en la búsqueda de la medicina universal. Él les aconseja, en primer lugar, que agucen la punta de su espíritu, que lean los escritos de los Sabios con prudencia, que trabajen con exactitud, que actúen sin precipitaciones en una obra tan preciosa porque, dice, que tiene su tiempo ordenado por la naturaleza, lo mismo que los frutos que están en los árboles y los racimos de. uva que tiene la vid. Concibo muy bien la utilidad de estos consejos, pero os ruego que queráis explicarme cómo se debe entender esta limitación del tiempo.

EUDOXIO

Vuestro Autor os explica suficientemente por la comparación de los frutos, que la naturaleza produce en el tiempo ordenado; esta comparación es justa: la Piedra es un campo que el Sabio cultiva, en el cual el arte y la naturaleza sembraron la semilla que debe producir su. fruto. Y como las cuatro estaciones del año son necesarias para la perfecta producción de los frutos, así tiene la piedra sus estaciones determinadas. Su invierno, durante el cual el frío y la humedad dominan en esta tierra preparada y sembrada; su primavera, en la que al calentarse la semilla Filosófica da la Piedra sus estaciones determinadas. Su verano durante el cual madura su fruto y se hace apto para la multiplicación; su otoño, en el que el fruto perfectamente maduro consuela al Sabio que tiene la dicha de cogerlo.

Para que nada tengáis que desear sobre este tema, debo haceros observar aquí tres cosas. La primera, que el Sabio debe imitar a la naturaleza en la práctica de la obra; y como esta sabia obrera no puede producir nada perfecto, si se violenta su movimiento, así debe el artista dejar actuar interiormente los principios de su materia, administrándole exteriormente un calor proporcionado a su exigencia. La segunda, que el conocimiento de las cuatro estaciones de la obra debe ser la regla que debe seguir el Sabio en los diferentes regímenes del fuego, suministrándolo a cada cual según lo demuestra la naturaleza, la cual necesita menor calor para hacer florecer los árboles y formar los frutos que para hacer que éstos maduren perfectamente. La tercera, que aunque la obra tenga cuatro estaciones, lo mismo que la naturaleza, no quiere esto decir que las estaciones del arte y las de la naturaleza deban corresponderse exactamente, pues el verano de la obra puede llegar sin inconveniente en el otoño de la naturaleza y su otoño, en el invierno. Basta que el régimen del fuego sea proporcionado a la estación de la obra; es en esto solo que consiste el gran secreto del Régimen, para el cual no puedo daros regla más cierta.

PIRÓFILO

Con este razonamiento y con esta comparación, me hacéis ver claro en un punto del que los Filósofos hicieron uno de sus más grandes misterios, pues la comprensión de los regímenes no se puede sacar de sus escritos; pero veo con suma satisfacción que imitando a la naturaleza y empezando el orden de las estaciones de la obra por el invierno, no debe serle difícil al sabio juzgar cómo por los diversos grados de calor, que corresponden a estas estaciones, puede ayudar a la naturaleza y llevar a una perfecta madurez los frutos de esta planta Filosófica.

Mi Autor aconseja en segundo lugar a los Hijos de la ciencia, que tengan rectitud de corazón y que se propongan en este trabajo un fin honrado, diciéndoles positivamente que si no están en estas buenas disposiciones, no deben esperar para su obra la bendición del Cielo, de la cual depende todo el éxito. Asegura que Dios sólo comunica un don tan grande, a aquellos que quieren usar bien de él, y priva de él a aquellos que tienen propósito de emplearlo para cometer el mal. Parece que esto no sea más que una manera de hablar que es corriente en los Filósofos; os ruego que me digáis qué reflexiones hay que hacer sobre este último punto.

EUDOXIO

Estáis suficientemente ilustrado en nuestra Filosofía para comprender que la posesión de la medicina universal y el gran Elixir, es el más real de todos los bienes del mundo, el más estimable y el más grande de que puede gozar el hombre. En efecto, las riquezas inmensas, las dignidades soberanas y todas las grandezas de la tierra, no pueden compararse con este precioso tesoro, que es el único de los bienes temporales capaz de llenar el corazón del hombre. Da a quien lo posee una vida larga, exenta de toda clase de enfermedades, y pone en su poder más oro y plata que los que tienen todos los más poderosos Monarcas juntos. Este tesoro tiene además la ventaja particular, sobre todos los otros bienes de la vida, de que el que los disfruta se siente perfectamente satisfecho, incluso con su simple contemplación y no puede sentir jamás el miedo de perderlo.

Vos estáis por lo demás plenamente convencido de que Dios gobierna el mundo, de que su divina Providencia hace reinar en él el orden establecido por su sabiduría infinita desde el comienzo de los siglos, y de que esta misma Providencia no es la fatalidad ciega de los antiguos, ni el pretendido encadenamiento, o el orden necesario de las cosas que debe hacerlas seguir sin ninguna distinción, sino que por el contrario, estáis bien persuadido de que la sabiduría de Dios preside todos los acontecimientos que ocurren en el mundo.

Sobre el doble fundamento que establecen estas dos reflexiones, no podéis dudar de que Dios, que dispone soberanamente de todos los bienes de la tierra, no permite jamás que los que se dedican a la búsqueda de este precioso tesoro, con el propósito de usar mal de él, puedan con su trabajo llegar a su posesión: en efecto, qué males no sería capaz de causar en el mundo un espíritu perverso que no tendría otra intención que satisfacer su ambición y saciar su codicia, si tuviese en su poder, y entre sus manos, este medio seguro de ejecutar sus más criminales empresas; por esto los Filósofos, que conocen perfectamente los males y los desórdenes que podrían producirse en la sociedad civil, si el conocimiento de este gran secreto fuese revelado a los impíos, sólo lo tratan con temor y sólo hablan de él en enigmas, a fin de que sólo sean comprendidos por aquellos cuyo estudio y cuyo trabajo quiere Dios bendecir.

PIRÓFILO

No se encontrará nadie con buen sentido, y temeroso de Dios, que no comparta estas opiniones y que no deba estar enteramente persuadido de que para triunfar en una tan grande y tan importante empresa, hay que suplicar incesantemente a la bondad Divina que ilumine nuestros espíritus y que bendiga nuestros trabajos. Sólo me queda daros muy humildemente las gracias por haberme querido tratar como a un Hijo de la ciencia, por hablarme sinceramente, y por instruirme en tan grandes misterios, con tanta claridad, y de un modo tan inteligible como os estaba permitido hacerlo y como yo podía desear. Afirmo que mi reconocimiento durará tanto como mi vida.







CARTA

A los verdaderos Discípulos
de Hermes

conteniendo

SEIS LLAVES PRINCIPALES

de la Filosofía Secreta



Si escribiese esta carta para convencer de la verdad de nuestra Filosofía a aquellos que se imaginan que no es más que una vana idea y una pura Paradoja, seguiría el ejemplo de varios maestros de este gran arte; trataría de convencer de sus errores a estos espíritus, demostrándoles la solidez de los principios de nuestra ciencia, apoyados en las leyes y en las operaciones de la naturaleza, y sólo hablaría ligeramente de lo concerniente a su práctica; pero como tengo un propósito muy diferente, y sólo escribo para vosotros, sabios Discípulos de Hermes y verdaderos Hijos del arte, mi único fin es serviros de guía en un camino tan difícil de seguir. Nuestra práctica es en efecto un camino en la arena, donde hay que orientarse por la estrella del Norte, más que por las huellas que pueden verse impresas en él. La confusión de los rastros, que un número casi infinito de personas dejaron en él, es tan grande y se encuentran tantos senderos diferentes, que llevan casi todos a horribles desiertos, que es casi imposible no desviarse del verdadero camino, que sólo los sabios favorecidos por el Cielo supieron felizmente descubrir y reconocer.

Esta confusión detiene en seco a los hijos del arte, a unos desde el principio, a otros en la mitad de este camino Filosófico, y a algunos incluso cuando se acercan al término de este penoso viaje y empiezan a descubrir el final feliz de su empresa, pero que no se dan cuenta de que el poco camino que les falta por hacer es el más difícil. Ignoran que los envidiosos de su dicha excavaron fosos y precipicios en medio del camino y que si no conocen los rodeos secretos, con los que los sabios evitan estas peligrosas trampas, pierden lamentablemente toda la ventaja que habían conseguido, al mismo tiempo que se imaginan haber superado todas las dificultades.

Os confieso sinceramente, que la práctica de nuestro arte es la cosa más fácil del mundo, no en lo que respecta a sus operaciones, sino por las dificultades que hay para aprenderlo distintamente en los libros de los Filósofos: pues si de una parte es llamada con razón juego de niños, de otra requiere que los que buscan la verdad por su trabajo y su estudio, tengan un conocimiento profundo de los Principios y de las operaciones de la naturaleza en los tres géneros; pero particularmente en el género mineral y metálico. Es un punto muy grande encontrar la verdadera materia que es el sujeto de nuestra obra; para ello hay que perforar mil velos oscuros en los que está envuelta; hay que distinguirla por su propio nombre entre un millón de nombres extraordinarios, con que la han designado diversamente los Filósofos; hay que comprender todas sus propiedades y juzgar los grados de perfección que el arte es capaz de darle; hay que conocer el fuego secreto de los sabios que es el único agente que puede abrir, sublimar, purificar y disponer la materia para ser reducida a agua; para esto hay que penetrar hasta la fuente divina del agua celeste que opera la solución, la animación y purificación de la piedra; hay que saber convertir nuestra agua metálica en aceite incombustible por la entera solución del cuerpo al que debe su origen, y para este efecto hay que hacer la conversión de los elementos, la separación y la reunión de los tres principios; hay que aprender cómo debe hacerse un Mercurio blanco y un Mercurio citrino; hay que fijar este Mercurio, alimentarlo con su propia sangre, a fin de que se convierta en azufre fijo de los Filósofos. Éstos son los puntos fundamentales de nuestro arte; el resto de la obra se encuentra enseñada con bastante claridad en los libros de los Filósofos para que no haga falta una explicación más amplia.

Como hay tres reinos en la naturaleza, hay también tres medicinas en nuestro arte, que hacen tres Obras diferentes en la práctica y que no son empero más que tres grados diferentes que elevan nuestro elixir a su última perfección. Estas importantes operaciones de las tres Obras están reservadas bajo la Llave del secreto para todos los Filósofos, a fin de que los sagrados misterios de nuestra divina Filosofía no sean revelados a los profanos; pero a vosotros, que sois hijos de la ciencia y que podéis entender el lenguaje de los Sabios, os serán abiertas las cerraduras y tendréis las Llaves de los preciosos tesoros de la naturaleza y del arte, si dedicáis todo vuestro espíritu a comprender lo que he pretendido deciros, en términos todo lo inteligibles que sea necesario, para los que están predestinados como lo estáis vosotros, al conocimiento de estos sublimes misterios. Quiero poner en vuestra mano seis Llaves con las cuales podréis entrar en el santuario de la Filosofía, abrir todos sus reductos y llegar a la comprensión de las verdades más ocultas.



PRIMERA LLAVE

La primera llave es la que abre las prisiones oscuras, en las cuales está encerrado el azufre; es ella quien sabe extraer la semilla del cuerpo y que forma la Piedra de los Filósofos por la conjunción del varón con la hembra, del espíritu con el cuerpo, del azufre con el Mercurio. Hermes mostró claramente la operación de esta primera Llave con estas palabras: De cavernis metallorum occultus est, qui lapis est venerabilis, colore splendidus, mens sublimis, et mare patens (Es la parte oculta de la caverna de los metales, que es una piedra venerable, de brillante color, un espíritu suspendido en el aire, y un mar accesible); esta piedra tiene un resplandor brillante, contiene un espíritu de origen sublime, es el mar de los Sabios, en el cual pescan su misterioso pez. El mismo Filósofo señala aún más particularmente el nacimiento de esta admirable Piedra, cuando dice: Rex ab igne veniet, ac conjugio gaudebit, et occulta patebunt (El rey vendrá por el fuego, y se regocijará con la boda, y las cosas ocultas se manifestarán). Es un rey coronado de gloria que nace en el fuego, que se complace con la unión a la esposa que le ha sido dada, es esta unión la que pone de manifiesto lo que antes estaba oculto.

Pero antes de seguir adelante, tengo que daros un consejo que no os será de poca utilidad, y es que penséis que como las operaciones de cada una de las tres obras tienen muchas analogías y relaciones entre sí, los Filósofos hablan adrede de ellas en términos equívocos, a fin de que los que no tienen ojos de lince se desorienten y se pierdan en este laberinto, del que es muy difícil salir. En efecto, cuando uno se imagina que hablan de una obra, tratan con frecuencia de otra; tened pues cuidado de no dejaros engañar: pues es verdad que en cada obra debe el sabio Artista disolver el cuerpo con el espíritu, debe cortar la cabeza del cuervo, blanquear el negro y enrojecer el blanco; sin embargo, es propiamente la primera operación que el Sabio Artista corta la cabeza al negro dragón y al cuervo. Hermes dice que es aquí donde comienza nuestro arte: quod ex corvu nascitur, hujus artis est principium (Lo que nace del cuervo, es el comienzo de este arte). Considerar que es por la separación del humo negro, sucio y hediondo del negro muy negro, que se forma nuestra piedra astral, blanca y resplandeciente que contiene en sus venas la sangre del pelícano; es con esta primera purificación de la Piedra y con esta blancura reluciente que termina la primera Llave de la primera obra.


SEGUNDA LLAVE

La segunda Llave disuelve el compuesto o la Piedra y empieza la separación de los Elementos de una manera Filosófica; esta separación de los elementos sólo se hace elevando las partes sutiles y puras por encima de las partes crasas y terrestres. El que sabe sublimar la Piedra Filosóficamente, merece con justo título el nombre de Filósofo, puesto que conoce el fuego de los Sabios, que es el único instrumento que puede operar esta sublimación. Ningún Filósofo ha revelado jamás abiertamente este fuego secreto y este poderoso agente que opera todas las maravillas del arte; el que no lo comprenda y que no sepa distinguirlo por los caracteres con los cuales he tratado de describirlo en la plática de Eudoxio y Pirófilo, debe detenerse aquí y rogar a Dios que le ilumine, pues el conocimiento de este secreto es más bien un don del Cielo que una luz adquirida por la fuerza del razonamiento; que lea sin embargo los escritos de los Filósofos, que medite sobre ellos y especialmente que rece; no hay ninguna dificultad que no sea aclarada por el trabajo, la meditación y la oración.

Sin la sublimación de la Piedra, la conversión de los Elementos y la extracción de los principios es imposible; y esta conversión, que hace agua de la tierra, aire del agua, y fuego del aire, es el único camino por el cual puede hacerse y prepararse nuestro Mercurio. Aplicaos pues a conocer este fuego secreto que disuelve la Piedra naturalmente y sin violencia, y hace que se resuelva en agua en el gran mar de los Sabios por la destilación que se hace de los rayos del sol y de la luna. De esta manera, la Piedra, que según Hermes es la viña de los Sabios, se convierte en su vino, que produce, por las operaciones del arte, su agua de vida rectificada y su vinagre muy agrio. Este padre de nuestra Filosofía exclama ante este misterio: Benedicta aquina forma, quae Elementa dissolvis! (Bendita seas forma acuosa, tú que disuelves los Elementos). Los elementos de la Piedra no pueden ser disueltos, salvo por este agua absolutamente divina, y de la que sólo puede hacerse una perfecta disolución después de una digestión y putrefacción proporcionada con la que termina la segunda Llave de la primera obra.






TERCERA LLAVE

La tercera llave comprende ella sola una serie de operaciones más larga que todas las otras juntas: los Filósofos hablaron muy poco de ella, aunque de ella depende la perfección de nuestro Mercurio; incluso los más sinceros, como Artephius, el Trevisano, Flamel, pasaron en silencio las preparaciones de nuestro Mercurio y casi no se encuentra uno que no haya dado por supuesta, en vez de enseñarla, la más larga y más importante de las operaciones de nuestra práctica. Con el propósito de daros la mano en esta parte del camino que vais a recorrer, donde a falta de luz es imposible seguir la verdadera ruta, me extenderé más de lo que lo hicieron los Filósofos, sobre esta tercera Llave, o al menos seguiré por orden lo que dijeron ellos sobre este tema, tan confusamente que sin una inspiración del Cielo o sin el auxilio de un fiel amigo, permanecemos indudablemente en este Dédalo, sin poder encontrar una salida feliz. Estoy seguro de que vosotros, que sois los verdaderos hijos de la ciencia, obtendréis una grandísima satisfacción de la aclaración de estos misterios ocultos, que se refieren a la separación y la purificación de los principios de nuestro Mercurio, que se hace con una perfecta disolución y glorificación del cuerpo al que debe su nacimiento y por la unión íntima del alma con su cuerpo cuyo espíritu es el único lazo que opera esta conjunción; allí está la intención y el punto esencial de las operaciones de esta llave, que termina con la generación de una nueva sustancia infinitamente más noble que la primera.

Después de que el sabio Artista ha hecho salir de la Piedra una fuente de agua viva, ha exprimido el jugo de la vid de los Filósofos y ha hecho su vino, debe observarse que en esta sustancia homogénea, que aparece en la forma del agua, hay tres sustancias diferentes y tres principios naturales de todos los cuerpos, sal, azufre y Mercurio, que son el espíritu, el alma y el cuerpo; y aunque parezcan puros y perfectamente unidos entre sí, falta todavía mucho para que lo estén; pues cuando por destilación extraemos el agua, que es el alma y el espíritu, el cuerpo permanece en el fondo del vaso como una tierra muerta, negra y feculenta, la cual no hay empero que desdeñar; pues, en nuestro sujeto, no hay nada que no sea bueno. El Filósofo Juan Portanus sostiene que lo superfluo de la Piedra se convierte en una verdadera ciencia, que el que pretende separar algo de nuestro sujeto, no conoce nada de la Filosofía, y que todo lo que hay de superfluo, de inmundo, de feculento, y en fin toda la sustancia del compuesto, se perfecciona por la acción de nuestro fuego. Esta opinión abre los ojos a los que, para hacer una exacta purificación de los elementos y de los principios, se convencen de que sólo hay que tomar lo sutil y rechazar lo espeso; pero los hijos de la ciencia no deben ignorar que el fuego y el azufre están ocultos en el centro de la tierra, y que es preciso lavarla exactamente con su espíritu, para extraer el bálsamo, la sal fija, que es la sangre de nuestra Piedra; he aquí el misterio esencial de esta operación, la cual sólo se cumple después de una digestión adecuada y una lenta destilación. Seguid, pues, hijos del arte, el precepto que os da el veraz Hermes, que dice en este lugar, oportet autem nos cum hac aquina anima, ut formam sulphuream possideamus, aceto nostro eam miscere; cum enim compositum solvitur, clavis est restaurationis (A fin de poseer la forma sulfurosa, conviene que mezclemos esta alma acuosa con nuestro vinagre; cuando se disuelva en efecto el compuesto, es la llave de la renovación). Sabéis que no hay nada más opuesto que el fuego y el agua; sin embargo, es necesario que el sabio Artista haga la paz entre unos enemigos, que en el fondo se aman ardientemente. El Cosmopolita dijo el medio de hacerlo en pocas palabras: Purgatis ergo rebus, fac ut ignis et aqua amici fiant; quod in terra sua, quae cum iis ascenderat, facile facient (Habiendo sido pues purgadas las cosas, haz de manera que el fuego y el agua se hagan amigos; lo que harán fácilmente en su tierra, que había subido con ellos). Prestad pues atención a este punto, abrevad con frecuencia la tierra con su agua y obtendréis lo que buscáis. ¿No es preciso que el cuerpo sea disuelto por el agua y que la tierra sea penetrada por su humedad, para que esté en condiciones para la generación? Según los Filósofos, el espíritu es Eva; el cuerpo es Adán; ambos deben unirse para la propagación de la especie. Hermes dijo lo mismo en otros términos: Aqua namque fotissima est natura, quae transcendit, et fixam in corpore naturam excitat; hoc est laetificat (Lo cierto es que el agua es de una naturaleza muy fuerte que sobrepasa y excita la naturaleza fija en el cuerpo; es decir, lo hace productivo). En efecto, estas dos sustancias, que son de una misma naturaleza, pero dos sexos distintos, se abrazan con el mismo amor, y la misma satisfacción que el varón y la hembra, y se elevan insensiblemente juntos, dejando tan sólo unas cuantas heces en el fondo del vaso; de suerte que el alma, el espíritu y el cuerpo, después de una exacta depuración, parecen al fin inseparablemente unidos en una forma más noble y más perfecta de lo que era antes, y tan diferente de la primera forma líquida como el Alcohol de vino exactamente rectificado y agudizado con su sal, es diferente de la sustancia del vino, del que ha sido extraído; esta comparación no es solamente muy justa, sino que además proporciona a los hijos de la ciencia un conocimiento preciso de las operaciones de esta tercera Llave.

Nuestra agua en una fuente viva que brota de la piedra por un milagro natural de nuestra Filosofía. Omnium primo est aqua, quae exit de hoc lapide (Al principio de todo está el agua, que sale de esta piedra). Fue Hermes quien pronunció esta gran verdad. Reconoce, además, que este agua es el fundamento de nuestro arte. Los Filósofos le dan varios nombres; pues ora le llaman vino, ora agua de vida, ora vinagre, o bien aceite, según los diferentes grados de preparación o según los diversos efectos que es capaz de producir. Os advierto, sin embargo, que es propiamente el vinagre de los sabios, y que en la destilación de este divino licor, ocurre lo mismo que en la del vinagre común; podéis sacar de esto una gran instrucción; el agua y la flema suben las primeras; la sustancia oleosa, en la cual consiste la eficacia de nuestra agua, viene la última. Es esta sustancia intermedia entre la tierra y el agua la que, en la generación del hijo Filosófico, hace la función de varón; Hermes nos lo hace observar perfectamente con estas palabras inteligibles: Unguentum mediocre, quod est ignus, est medium inter foecem, et aquam (El ungüento medio, que es un fuego, es intermediario entre las heces y el agua). No se contenta con dar estas luces a sus discípulos, sino que les enseña además en su Tabla de Esmeralda de qué manera deben conducirse en esta operación. Separabis terram ab igne; subtile ac spisso suaviter, magno cum ingenio (Separarás la tierra del fuego, sutilmente, de manera lenta y suave, con gran inteligencia). Tened cuidado sobre todo de no apagar el fuego de la tierra con las aguas del diluvio. Esta separación, o más bien esta extracción debe hacerse con muy buen criterio.

Es pues necesario disolver enteramente el cuerpo, para extraer de él toda su humedad, que contiene este azufre precioso, este bálsamo de la naturaleza y este ungüento maravilloso, sin el cual no podéis esperar ver nunca en vuestro caso esta negrura tan deseada por todos los Filósofos. Reducid pues todo el compuesto a agua, y haced una unión perfecta de lo volátil con lo fijo; es un precepto de Senior, que merece que le prestéis atención. Supremus fumus, dice, ad infinitum reduci debet, et divina aqua Rex est de coelo descendens, reductor animas ad suum corpus est, quod demum a morte vivificat (El humo más alto debe ser devuelto a lo más bajo, y por el agua divina el Rey baja del Cielo, lleva el alma a su cuerpo, que al fin hace pasar de muerte a vida). El bálsamo de la vida está oculto en estas heces inmundas, debéis lavarla con el agua celeste hasta que le hayáis quitado la negrura, y entonces vuestra agua será animada por la esencia ígnea que opera todas las maravillas de nuestro arte. No puedo daros sobre esto consejos mejores, que los del gran Trismegisto. Oportet ergo vos ab aqua fumum super-existentem, ab unguento nigredinem, et a foece mortem depeller (Conviene, pues, que separéis del agua el humo que existe encima, del ungüento la negrura, y de las heces la muerte), pero el único medio de triunfar en esta operación os lo enseña el mismo Filósofo, que añade inmediatamente después: et hoc disolutione, quo peracto, maximan habemus Philosophiam, et omnium secretorum secretum (Y esto por disolución, que una vez terminada, tenemos la Filosofía más grande, y el secreto de todos los secretos).

Pero a fin de que no os engañéis con el término de compuesto, os diré que los Filósofos tienen dos clases de compuestos. El primero es el compuesto de la naturaleza, que es aquel del que he hablado en la primera Llave; pues es la naturaleza quien lo hace de una manera incomprensible para el Artista, que no hace más que prestar su ayuda a la naturaleza para la administración de las cosas externas, mediante lo cual da a luz y produce este admirable compuesto. El segundo es el compuesto del arte; es el sabio quien lo hace por la unión íntima de lo fijo con lo volátil perfectamente conjuntados, con toda la prudencia que se puede adquirir por las luces de una profunda Filosofía; el compuesto del arte no es en modo alguno el mismo en la segunda y en la tercera Obra, aunque es siempre el artista quien lo hace. Geber lo definió como una mezcla de azogue y azufre, es decir de lo volátil y lo fijo, que actuando el uno sobre el otro, se volatilizan y se fijan recíprocamente hasta una perfecta fijeza. Considerad el ejemplo de la Naturaleza, y veréis que la tierra no producirá jamás fruto, si no estuviese empapada de su humedad, y que la humedad sería siempre estéril, no fuese retenida y fijada por la sequedad de la tierra.

Debéis estar, pues, seguros de que no se puede tener éxito alguno en nuestro arte, si en la primera obra no purificáis la serpiente nacida del limo de la tierra, si no blanqueáis estas heces feculentas y negras, para separar de ellas el azufre blanco, la sal amónica de los sabios, que es su casta Diana que se lava en el baño. Todo este misterio no es más que la extracción de la sal fija de nuestro compuesto en el cual consiste toda la energía de nuestro Mercurio. El agua que se eleva por destilación, se lleva consigo una parte de esta sal ígnea, de suerte que el derramamiento del agua sobre el cuerpo repetida varias veces, impregna, engorda y fecunda nuestro Mercurio, y lo pone en condiciones de ser fijado; lo cual es el fin de la segunda obra. No se podría exponer mejor esta verdad, como lo hizo Hermes con estas palabras:

Cum viderem quod aquas sensim crassior, duriorque fieri inciperet, gaudebam; certo enim sciebam, ut invenirem quod quaerebam (Cuando veía que el agua empezaba a volverse insensiblemente más espesa, y más dura, me regocijaba; sabía en efecto, con certeza, que encontraba lo que buscaba).

Aunque no tuvieseis más que un conocimiento mezquino de nuestro arte, lo que acabo de deciros sería más que suficiente para haceros comprender que todas las operaciones de esta Llave, que pone fin a la primera obra, no son otras que digerir, destilar, cohobar, disolver, separar y unir el todo con suavidad y paciencia: de esta suerte no obtendréis únicamente una extracción entera del jugo de la vid de los sabios, sino que poseeréis también su verdadera agua de vida y os advierto que cuanto más la rectifiquéis y más la trabajéis, adquirirá más penetración y más virtud; si los filósofos le dieron el nombre de agua de vida, es porque da la vida a los metales; se la llama con justicia la gran lunar, a causa del esplendor con que brilla; la llaman también sustancia sulfurosa, bálsamo, goma, humedad viscosa, vinagre muy agrio de los Filósofos, etcétera.

No sin razón los Filósofos dan a este licor Mercurial el nombre de agua póntica y de vinagre muy agrio; su ponticidad exuberante es el verdadero carácter de su virtud; sucede además, como ya he dicho, en su destilación lo mismo que ocurre en la del vinagre, la flema y el agua suben las primeras, las partes sulfurosas y salinas se elevan las últimas; separad la flema del agua, reunid el agua y el fuego, el Mercurio con el azufre, y veréis al fin el negro muy negro, blanquearéis el cuervo y enrojeceréis el cisne.

Como sólo os hablo a vosotros, verdaderos discípulos de Hermes, quiero revelaros un secreto que no encontraréis enteramente en los libros de los Filósofos. Unos se contentaron con decir que de su licor se hacen dos Mercurios, uno blanco y el otro rojo. Flamel dijo más particularmente que hay que emplear el Mercurio citrino, para hacer las absorciones al rojo; advirtió a los hijos del arte que no debían engañarse sobre este punto, asegura también que se habría engañado él mismo, si Abraham el Judío no le hubiese avisado. Otros Filósofos enseñaron que el Mercurio blanco es el baño de la luna y que el Mercurio rojo es el baño del sol: pero ninguno de ellos quiso mostrar claramente a los hijos de la ciencia de qué manera pueden obtener estos dos Mercurios: si me habéis comprendido bien, estáis ya ilustrados sobre este punto. La luna es el Mercurio rojo, pero para determinar mejor estos dos Mercurios, alimentadlos con una carne de su especie, la sangre de los inocentes degollados, es decir, los espíritus de los cuerpos, son el baño, donde el sol y la luna van a bañarse.

Os he revelado un gran misterio, si reflexionáis bien sobre ello, los Filósofos que hablaron de ello pararon muy ligeramente sobre este punto importante: el Cosmopolita lo tocó de un modo muy espiritual mediante una ingeniosa alegoría del Mercurio: Hoc fiet, dice, si seninostro aurum et argentum deglutire dabis, ut ipse consumat illa, et tandem ille etiam moriturus comburatur (Esto ocurrirá, si das a devorar a nuestro anciano oro y plata, a fin de que los consuma, y que debiendo él mismo morir también al fin sea quemado). Acaba de describir todo el magisterio en estos términos: Cineres ejus spargantur in aquam, coquito eam donec satis est, et habes medicinam curandi lepram (Que sus cenizas sean dispersadas en el agua; cuécela hasta que sea bastante, y tendrás una medicina para curar la lepra). No debéis ignorar que nuestro anciano es nuestro Mercurio; que este nombre le conviene porque es la materia prima de todos los metales; el mismo Filósofo dice que es su agua, a la cual da el nombre de acero y de imán, y añade para confirmar mejor lo que acabo de descubriros: Si undecies coit aurum cum eo, emittit suum semen, et debilitatur fere ad mortem usque; concipit chalybs, et generat filium patre clariorem (Si once veces se une el oro con él, emite su semilla, y es debilitado casi hasta la muerte; entonces el acero concibe, y engendra un hijo más claro que el padre). He aquí, pues, un gran misterio que os revelo sin ningún enigma; ahí está el secreto de los Mercurios, que contienen las dos tinturas. Guardadlas separadamente y no confundáis sus especies, por miedo de que no procreen una estirpe monstruosa.

No solamente os hablo de un modo más inteligible que jamás hiciera ningún Filósofo, sino que también os revelo cuanto hay de más esencial en la práctica de nuestro arte: si meditáis sobre esto, si os aplicáis en comprenderlo bien; pero sobre todo si trabajáis con las luces que os doy, no dudo en modo alguno que obtendréis lo que buscáis, y si no alcanzáis estos conocimientos por el camino que os indico, tengo la seguridad de que difícilmente llegaréis a vuestro fin con la sola lectura de los Filósofos. No desesperéis pues de nada; busca la fuente del licor de los sabios que contiene todo lo que es necesario para la obra, está oculta debajo de la piedra, golpead encima con la verga del fuego mágico, y brotará una clara fuente, haced después lo que os he mostrado, preparad el baño del Rey con la sangre de los Inocentes, y tendréis el Mercurio de los sabios animados, que no pierden jamás sus virtudes si lo guardáis en un vaso bien cerrado. Hermes dice que hay tanta simpatía entre los cuerpos purificas y los espíritus, que no se abandonan jamás una vez han sido unidos; porque esta unión es parecida a la del alma con el cuerpo glorificado, después de la cual nos enseña la fe que no volverá a haber separación ni muerte. Quia spiritus, ablutis corporibus desiderant inesse, habitis autem ipsis, eos vivificant, et in iis habitant (Como los espíritus desean residir en cuerpos lavados, una vez hecho esto, los vivifican, y habitan en ellos). Veis por esto el mérito de este precioso licor, al cual dieron los Filósofos mil nombres diferentes; es el agua de vida de los sabios, el agua de Diana, la gran lunar, el agua de azogue; es nuestro Mercurio, nuestro aceite incombustible que se congela con el frío como el hielo y se licua como mantequilla con el calor; Hermes lo llama tierra enramada, o tierra de hojas, no sin mucha razón, pues si la observáis bien, advertiréis que está llena de hojas; en una palabra, es la fuente clarísima que menciona el conde Trevisano; es, en fin, el gran Alkaest que disuelve radicalmente los metales; es la verdadera agua permanente que después de haberlos disuelto, se une inseparablemente a ellos y aumenta su peso y su tintura.



CUARTA LLAVE

La cuarta Llave del arte es la entrada de la segunda obra, es ella quien reduce nuestra agua en tierra, no hay más que esta sola agua en el mundo que por una simple cocción pueda ser convertida en tierra, porque el Mercurio de los sabios lleva en su centro su propio azufre que lo coagula. El aterramiento del espíritu es la única operación de esta obra; coced pues con paciencia; si habéis procedido bien, no pasará mucho tiempo sin que veáis las señales de esta coagulación, y si éstas no aparecen a su tiempo, no aparecerán jamás, porque es un signo indudable de que habéis fallado en algo esencial, en las primeras operaciones, pues para corporificar el espíritu que es nuestro Mercurio, hay que haber disuelto bien el cuerpo en el cual está enterrado el azufre que coagula el Mercurio. Hermes asegura que nuestra agua Mercurial habrá adquirido todas las virtudes que los Filósofos le atribuyen, cuando se haya cambiado en tierra. Vis ejus integra est, si in terram conversa fuerit (Su fuerza es entera, cuando ha sido convertida en tierra). Tierra admirable por su fecundidad, tierra de promisión de los Sabios, los cuales al saber hacer que caiga el rocío del cielo sobre ella, le hacen producir frutos de precio incalculable. El Cosmopolita expresa muy bien las ventajas de esta tierra bendita. Qui scit aquam congelare calido, et spiritum cum ea jungere, certerem inveniet millesies pretiosiorem auro, et omni re (El que sabe congelar el agua por el calor, y unir el espíritu con ella, ciertamente ha encontrado una cosa mil veces más preciosa que el oro, y que todas las cosas). Nada se acerca al mérito de esta tierra y de este espíritu perfectamente aliados, según las reglas de nuestro arte; son el verdadero Mercurio y el verdadero azufre de los Filósofos, el varón vivo y la hembra viva que contienen la semilla, única que puede procrear un hijo más ilustre que sus padres. Cultivad pues cuidadosamente esta preciosa tierra; regadla a menudo con su humedad, secadla otras tantas veces y no aumentaréis menos sus virtudes que su peso y su fecundidad.


QUINTA LLAVE

La quinta llave de nuestra obra es la fermentación de la Piedra con el cuerpo perfecto para hacer de ella la medicina del tercer orden. No diré nada en particular sobre la operación de la tercera obra, sino que el cuerpo perfecto es una levadura necesaria para nuestra pasta: que el espíritu debe hacer la unión de la pasta con la levadura, de la misma manera que el agua destempla la harina, y disuelve la levadura, para componer una pasta fermentada adecuada para hacer pan. Esta comparación es muy justa, y fue Hermes el primero en hacerla. Sicut enim pasta sine fermentari non potest; sic cum corpus sublimaveris, mundaveris, et turpitudinem a foece separaveris; cum conjungere volueris, pone in eis fermentum, et aquam terram confice, ut pasta fiat fermentum (Lo mismo que la pasta sin fermento no puede fermentar, así cuando habrás sublimado el cuerpo, lo habrás purificado, y habrás separado la fealdad de las heces, cuando hayas querido conjuntar, pon en ellos el fermento y elabora el agua y la tierra, a fin de que la pasta se haga fermento). Con respecto a la fermentación repite aquí el Filósofo toda la obra, y muestra que lo mismo que la Masa de la pasta se convierte toda en la levadura por la acción del fermento que le ha sido añadido, así toda confección Filosófica se convierte por esta operación en una levadura adecuada para fermentar una nueva materia y multiplicarla hasta el infinito.

Si observáis bien de qué manera se hace el pan, encontraréis las proporciones que debéis guardar entre las materias que componen vuestra pasta Filosófica. ¿Acaso no ponen los panaderos más harina que levadura, y más agua que levadura y harina? Las leyes de la naturaleza son las leyes que debéis seguir en la práctica de todo nuestro Magisterio. Os he dado todas las instrucciones que necesitáis sobre todos los puntos principales; de suerte que sería superfluo deciros más, particularmente en lo que respecta a las últimas operaciones sobre las cuales han sido los Filósofos mucho menos reservados que sobre las primeras que son los fundamentos del arte.


SEXTA LLAVE

La sexta Llave enseña la multiplicación de la Piedra por la reiteración de la misma operación que sólo consiste en abrir y cerrar, disolver y coagular, embeber y secar, con lo que la virtudes de la piedra aumentan hasta el infinito. Como mi propósito no ha sido describir completamente la práctica de las tres medicinas, sino solamente instruiros sobre las operaciones más importantes, referentes a la preparación del Mercurio, que los Filósofos pasan generalmente en silencio para ocultar a los profanos misterios que sólo son para los sabios, no me detendré más en este punto, y no os diré nada más de lo que concierne a la proyección de la medicina, porque el éxito que esperáis no depende de esto; sólo os he dado instrucciones muy amplias sobre la tercera Llave, a causa de que ésta comprende una larga serie de operaciones, las cuales, aunque simples y naturales, no dejan de requerir una gran comprensión de las leyes de la Naturaleza y de las cualidades de nuestra materia, así como un perfecto conocimiento de la química y de los diferentes grados de calor que convienen a estas operaciones.

Os he conducido por el camino recto sin ninguna desviación, y si habéis observado bien la ruta que os he trazado, estoy seguro de que iréis directamente al fin sin extraviaros. Agradecedme la intención que he tenido de ahorraros mil trabajos y mil fatigas, que yo mismo experimenté en este penoso viaje, a falta de una ayuda parecida a la que os brindo en esta carta, fruto de un corazón sincero y de un tierno afecto por todos los verdaderos hijos de la ciencia. Os compadecería mucho si, como yo, después de haber conocido la verdadera materia, pasarais quince años enteramente dedicados al trabajo, al estudio y a la meditación, sin poder extraer de la Piedra el jugo precioso, que ella encierra en su seno, por no conocer el fuego secreto de los Sabios que hace fluir de esta planta, seca y árida en apariencia, un agua que no moja las manos, y que por la unión mágica del agua seca del mar de los Sabios, se resuelve en un agua viscosa, en un licor Mercurial que es el principio, el fundamento y la llave de nuestro arte: convertid, separad y purificad los elementos, como yo os he enseñado, y poseeréis el verdadero Mercurio de los Filósofos, que os dará el azufre fijo y la medicina universal.

Pero ya os he advertido que cuando hayáis llegado al conocimiento del fuego secreto de los sabios, no habréis llegado empero al final de la primera carrera. Yo estuve vagando varios años por el camino que queda por hacer para llegar a la fuente misteriosa donde el Rey se baña, se rejuvenece, y emprende una nueva vida exenta de toda clase de dolencias; es preciso que sepáis además de esto purificar, calentar y animar este baño Real: para daros la mano en este camino secreto, me he extendido en la tercera Llave, de la cual se deducen todas estas operaciones. Espero de todo corazón, que las instrucciones que os he dado os hagan ir directamente al fin. Pero recordad, hijos de la ciencia, que el conocimiento de nuestro Magisterio viene más de la inspiración del Cielo que de las luces que podamos adquirir por nosotros mismos. Esta verdad es reconocida por todos los Filósofos: por esto no basta con trabajar; orad asiduamente, leed los buenos libros y meditad noche y día sobre las operaciones de la naturaleza y sobre lo que ésta puede ser capaz de hacer cuando es ayudada por el apoyo de nuestro arte y por este medio triunfaréis sin duda en vuestra empresa.

Esto es cuanto tenía que deciros en esta carta; no he querido haceros un discurso muy extenso, tal como parece exigir la materia, pero cuanto os he dicho es esencial en nuestro arte, de suerte que si conocéis nuestra Piedra, y si tenéis el conocimiento de nuestro fuego que es secreto y natural al mismo tiempo, tenéis las llaves del arte y podéis calcinar nuestra Piedra, no por la calcinación ordinaria que hace por la violencia del fuego, sino por una calcinación Filosófica que es puramente natural.

Observad ahora con los más ilustrados Filósofos, que hay una diferencia entre la calcinación ordinaria que se hace a fuerza de fuego y la calcinación natural, y es que la primera destruye el cuerpo y consume la mayor parte de su humedad radical, mientras que la segunda no sólo conserva la humedad del cuerpo al calcinarlo, sino que lo aumenta considerablemente.

La experiencia os hará conocer en la práctica esta gran verdad, pues encontraréis en efecto que esta calcinación Filosófica que sublima y destila la Piedra calcinándola, aumenta en mucho su humedad: la razón es que el espíritu ígneo del fuego natural se materializa en las sustancias que le son análogas. Nuestra piedra es un fuego astral, que simpatiza con el fuego natural y que, como una verdadera salamandra, nace, se alimenta y crece en el fuego Elemental que les es geométricamente proporcionado.

El nombre del autor está en latín en este Anagrama:
DIVES SICUT ARDENS S...


FIN