lunes, junio 27, 2005

Preparación de la tierra vitriólica o imán astral

Preparación de la tierra vitriólica o imán astral


Tome un buen vitriolo de Inglaterra y póngalo en un gran recipiente de madera de castaño. Añádale por encima seis partes de agua de lluvia destilada por cada una de vitriolo; deje disolver el vitriolo y cuando esté hecha la disolución añada unos guijarros calcinados reducidos a polvo fino, con un peso igual al del vitriolo; deje toda esta disolución cocer a fuego lento con un calor muy suave, como el de una estufa por espacio de cuarenta días. Durante esta cocción se separarán de la materia dos especies de heces, unas, pesadas y terrestres, que se depositarán en el fondo de los recipientes; las otras, ligeras y sulfurosas, que flotarán en forma de espuma; hay que quitar esta espuma o porquería con una espumadera de madera conforme se vaya formando y después de los cuarenta días de cocción lenta vierta muy suavemente la disolución limpia en unos barreños de gres y rechace como inútil todo lo que se ha acumulado en el fondo del recipiente. Filtre bien su disolución y haga evaporar muy suavemente hasta la desecación, ponga a secar su materia con un calor muy suave hasta que blanquee, añádale entonces un peso igual bien regulado de antimonio marcial reducido a polvo impalpable. Y un peso igual de nitro muy puro, fijado por el azufre o por el carbón y purificado por la disolución, filtrado y desecación; mezcle mediante una buena trituración estas tres materias o polvos y, habiéndolos puesto en una retorta buena y fuerte, aplique fuego por grados para hacer enrojecer hasta el blanco la retorta que mantendréis así durante cuatro horas. El agua fuerte que se obtendrá aquí puede usted guardarla para cualquier otra cosa ya que es inútil para nuestra operación. Retire y deje enfriar la retorta, tome la materia y expóngala en un lugar cubierto, permeable al aire y no al sol durante cinco días y cinco noches, hágala disolver a continuación en agua de lluvia destilada, filtre y evapore; seque y calcine como antes, habiendo añadido antes de la calcinación un medio peso del mismo nitro arriba reseñado a la materia secada.

Reitere de nuevo el conjunto cinco veces de la misma forma, exponiendo al aire después, cada calcinación, de suerte que en total haya siete calcinaciones precedidas de disolución, filtrado y desecación.

Una vez hechas estas siete calcinaciones y reducida a polvo fino su materia, tendrá usted su tierra vitriólica debidamente preparada e imantada.

Una vez preparada así su tierra vitriólica hace falta tener un instrumento de hojalata como un embudo que habrá que colocar, lleno hasta la mitad del imán al que más arriba nos hemos referido, a la exposición al aire de la forma que sigue: Hay que colocar y acomodar su embudo de forma que esté al abrigo de las inclemencias del tiempo y por tanto, de la lluvia en el tiempo de los equinoccios, poniendo su embudo en la ventana del lado de levante, con el cuello o tubo dentro de la ventana, en la que, con anterioridad habrá adaptado un recipiente que usted lutará en las uniones. Al cabo de un cierto tiempo se obtendrán más de dos pintas de espíritu universal. Hay que destilar este espíritu siete veces, de forma muy metódica y en cada destilación quedará una tierra inanimada que hay que calcinar también metódicamente y extraer de ella una sal más blanca que la nieve, tan transparente como un cristal y con el mismo disolvente habiéndolo hecho circular en un pelícano durante un mes, entonces será perfecto. Guárdelo en una botella de cristal bien tapada para su utilización cuando se necesite; con el disolvente se hace el oro potable. Tome una onza de cal de oro, póngala en una cucúrbita de cristal, haga tres lociones diferentes con el agua o espíritu anterior, deje cada loción durante 24 horas y a continuación viértala mediante inclinación y tírela, porque lleva con ella toda la acrimonia que el oro puede tener con motivo de su reducción en cal, destile la cuarta al baño maría o de arena con un fuego regulado; de ahí saldrá un licor cetrino que hay que conservar de forma preciosa. Es un excelente remedio que puede llamarse con justicia Medicina universal, nombre que le había dado M. de Grimaldy.

FIN