lunes, junio 20, 2005

Van Helmont

EL SECRETO del ELIXIR DE LA INMORTALIDAD LLAMADO ALKAHEST ó IGNIS-AQUA
Van Helmont


EL SECRETO DEL LICOR ALKAHEST

1. Pregunta.– ¿Qué es el Alkahest?
Respuesta.– Es un Menstruum Católico y Universal, y, en una palabra, puede ser llamado un Agua Ardiente (Ignis-Aqua), un ens simple e inmortal, penetrante, que reduce todas las cosas a su Substancia Líquida original, y a cuyo poder nada puede resistirse puesto que actúa sin reacción alguna por parte del paciente. No le falta nada porque está equilibrado y por ello se puede subyugar, y sin embargo, después de haber disuelto todas las demás cosas, su naturaleza original permanece inalterada, y después de mil operaciones, todavía conserva las mismas virtudes que poseía al principio.
2. P.– ¿De qué materia está hecho?
R.– Es una sal noble corriente, preparada con precioso arte hasta satisfacer los deseos del artista ingenioso. Así pues, no es ninguna sal corpórea convertida en líquido por simple solución, sino un espíritu salino al que el calor no puede hacer coagular por evaporación de la humedad; está formado de una substancia espiritual uniforme, volátil bajo un suave calor sin dejar ningún residuo. Así pues, este espíritu no es ácido ni alcalino, sino una sal.
3. P.– ¿Cuál es su igual?
R.– Si conocéis la una, podréis conocer sin dificultad la otra; buscad por lo tanto, puesto que los Dioses han hecho de las Artes la recompensa de la industriosidad.
4. P.– ¿Cuál es la siguiente substancia [o materia] del Alkahest?
R.– Os he dicho que es una sal. El fuego rodeó la sal y el agua envolvió al fuego, sin embargo no lo menguó, puesto que así está hecho el fuego del filósofo del que hablan. El vulgo se quema con el fuego, nosotros con el agua.
5. P.– ¿Cuál es la sal más noble?
R.– Si deseáis aprender esto, descended dentro de vos mismo, puesto que, como la sal a su Vulcano, la lleváis con vos, si sois capaz de discernirla.
6. P.– ¿Cuál es? Decidme, os lo ruego.
R.– La sangre del hombre fuera de su cuerpo, o la orina humana, puesto que ésta es un excremento separado de la sangre en su mayor parte. Cada una da una sal volátil y una fija y si sabéis cómo recolectarlo y elaborarlo, tendréis el más preciado Bálsamo de la Vida.
7. P.– ¿Son las propiedades de la orina humana más nobles que las de ninguna otra bestia?
R.– En muchos aspectos, puesto que aunque sólo es un excremento, su sal aún no tiene rival en toda la naturaleza universal.
8. P.– ¿Cuáles son sus partes?
R.– Una volátil y una más fija; aunque pueden ser alteradas de diversas maneras según la variedad que se recete.
9. P.– ¿Hay algo en la orina que sea diferente de su más íntima y específica naturaleza urinácea?
R.– Sí, a saber, una flema acuosa, y sal marina que asimilamos con la carne. Esta permanece entera y sin digerir en la orina, por separación puede ser apartada, y deja de existir después de un tiempo conveniente si no se ingiere la cantidad suficiente en la carne.
10. P.– ¿De dónde viene esa flema, o humedad acuosa insípida?
R.– Mayormente de las diversas bebidas, y además cada cosa tiene su propia flema.
11. P.– Explicaos más claramente.
R.– Debéis saber que la orina, que consiste en parte de un Teffas acuoso (un humor excremental de la sangre), del que se separa el fermento úrico [reconocible] por el olor,1 es conducida por las bebidas hasta la vejiga, en parte por su virtud separativa, y desde allí penetra más profundamente sin ser alterada su salinidad, a no ser que la salinidad de la sangre y la de la orina sean iguales. Así pues, aparte de la sal contenida en la orina, todo lo demás es una flema inaprovechable.
12. P.– ¿Cómo es que parece que haya tanta flema en la orina?
R.– Se supone así, en primer lugar por el sabor; en segundo lugar por el peso; y en tercer lugar por sus propiedades.
13. P.– Sed vuestro propio intérprete.
R.– La sal de la orina contiene todo lo que es propiamente esencial de la orina, su olor es muy penetrante; el sabor difiere según la variedad que haya sido recetada, así que algunas veces es también sal con una salinidad úrica.
14. P.– ¿Qué habéis observado en relación a su peso?
R.– He observado muchas cosas: que tres onzas de orina, o un poco más, extraídas de un hombre sano, pesarán un poco más que ochenta gotas de agua mineral. De ellas he visto destilarse un licor de igual peso que dicha agua, por lo que es evidente que la mayoría de la sal quedó aparte.
15. P.– ¿Qué habéis observado sobre su virtud?
R.– La congelación de la orina por el frío es un argumento a favor de la existencia de flema en ella; puesto que la sal de orina no se congela si está un poco mezclada con algún líquido, aunque sea con agua.
16. P.– Sin embargo esta misma flema, cuidadosamente separada por destilación, retiene la naturaleza de la orina, como puede percibirse por su olor y sabor.
R.– Lo admito, aunque muy poco se puede discernir por el sabor; tampoco podríais percibir más, ya fuera mediante el olor o el sabor, que lo que podríais percibir de la sal de orina disuelta en agua pura.
17. P.– ¿Qué os ha enseñado la ciencia del fuego en relación a la orina?
R.– Me ha enseñado a hacer volátil la sal de orina.
18. P.– Luego, ¿qué es lo que queda?
R.– Un poso espeso negro y maloliente.
19. P.– ¿Es el espíritu completamente uniforme?
R.– Así aparece a la vista, al olfato y al sabor; y sin embargo contiene cualidades directamente opuestas entre sí.
20. P.– ¿Cuáles son?
R.– Según su virtud innata, por causa de una el Dulech se coagula y por causa de la otra, se disuelve.
21. P.– ¿Qué más?
R.– En la coagulación de la orina, se descubre su espíritu etílico.
22. P.– ¿Existe tal espíritu en la orina?
R.– Por supuesto, realmente existe en toda orina, incluso en la del más sano de los hombres, y por el Arte se puede preparar una gran cantidad.
23. P.– ¿Qué eficacia tiene este espíritu?
R.– Una que es de lamentar, y que realmente puede movilizar nuestra compasión por la humanidad.
24. P.– ¿Por qué?
R.– De ahí el Dulech, su más encarnizado enemigo, tiene su origen.
25. P.– ¿Daréis un ejemplo de esto?
R.– Lo haré. Tomad orina y disolvedla en una cantidad conveniente de salitre. Dejadlo durante un mes, después del cual lo destiláis. Emanará un espíritu que quemará la lengua como si fuese un carbón al rojo vivo. Verted nuevamente este espíritu y destiladlo repetidamente en cuatro o cinco sesiones, extrayendo cada vez no más de la mitad, así el espíritu se volverá más penetrante, aunque no hasta su última agudeza. El calor que se desprendía en la primera destilación del licor se modera después sensiblemente, y a la larga (si no simultáneamente) se desvanece. En el segundo espíritu, lo que al principio era muy agudo se percibe más suave, tanto por el olfato como por el gusto.
26. P.– ¿Qué habéis observado con respecto al primer espíritu?
R.– Si se revuelve un poco, aparecen vetas aceitosas resbalando aquí y allá, exactamente igual que el espíritu etílico cuando se destila y desciende por el cuello del alambique formando vetas que parecen venas.
27. P.– ¿A qué tipo de putrefacción debe someterse la orina para que pueda obtenerse de ella tal espíritu?
R.– Debe estar en un recipiente ligeramente cerrado o simplemente cubierto y sometido a un calor tan escaso que apenas sea perceptible. Puede estar más caliente algunas veces y más frío otras, sin que en ningún caso el calor o el frío excedan un debido promedio.
28. P.– ¿Cómo puede ser más claro este espíritu alcohólico?
R.– Con una putrefacción como la causada por un fermento que estimule la ebullición. Esto no ocurriría más que al cabo de mucho tiempo si la orina se guardase en un recipiente de madera y en un lugar que no fuera caliente aunque tampoco frío, como, por ejemplo, detrás de un horno en invierno, donde, guardado allí hasta que el fermento emergiese por sí mismo en la orina y produjese burbujas, podríais extraer de ella un aguardiente que sería un poco etílico.
29. P.– ¿Hay algún otro espíritu en la orina?
R.– Lo hay, puesto que la orina, putrefactada con calor suave durante aproximadamente dos semanas, emite un espíritu coagulante, que producirá una bien rectificada Aqua Vitae.
30. P.– ¿Cómo se prepara este espíritu que forma el Dulech de sí mismo con una clara estalagmita acuosa, y que también lo disuelve?
R.– La orina, putrefactada durante un mes y medio bajo un calor más o menos igual al calor del estiércol de caballo, os dará, en el recipiente adecuado, esta estalagmita acorde a vuestros deseos.
31. P.– ¿Todos los espíritus coagulan el espíritu de vino?
R.– Ni mucho menos. Este segundo espíritu carece de esa propiedad.
32. P.– ¿Qué contiene la orina, así obtenida, aparte de los espíritus ya mencionados?
R.– Su más fija sal urinácea, y, accidentalmente, sal marina ajena.
33. P.– En el alambique y sometida a un suave calor, ¿puede esta sal más fija ser convertida en un licor?
R.– Puede, pero se requiere arte e ingeniosidad.
34. P.– ¿Dónde está la flema?
R.– En la sal, puesto que en la preparación de la putrefacción, la sal, siendo putrefactada en la flema, asciende junto con ella.
35. P.– ¿Pueden ser separadas?
R.– Pueden, pero no por todo artista.
36. P.– ¿Qué hace este espíritu al llegar este momento?
R.– Probadlo y os sorprenderéis de lo que veréis en la solución de los cuerpos.
37. P.– ¿No es esto el Alkahest?
R.– Dicho licor no puede tener una composición que no comparta las propiedades de la sangre humana, y se observan indicios de ella en la orina.
38. P.– ¿Así pues, el Alkahest se esconde en la orina y además en la sangre?
R.– La naturaleza nos da ambas: la sangre y la orina; y de la naturaleza de estas la cocción nos da una sal circulatoria que rota en el interior de la sal de Paracelso.
39. P.– Os explicáis escuetamente.
R.– Añadiré esto: la sal de la sangre debe ser transmutada por el fermento urináceo de modo que pueda perder su última vida, conservar su vida media y retener su salinidad.
40. P.– ¿Qué propósito tiene esto?
R.– El de poner de manifiesto las excelencias de la sangre del hombre por encima de cualquiera otra sangre. Estas son transmitidas a la orina (después de que el licor excrementoso sea separado de ella), por lo que la orina humana sobrepasa a todas las demás a causa de sus magníficas propiedades.
41. P.– ¿Por qué añadís orina?
R.– Debéis saber que para transmutar las cosas es necesario un fermento corruptivo, y a este respecto, no hay otra sal con la fuerza de la sal de orina.
42. P.– ¿Puede obtenerse la flema aparte de la sal?
R.– Se podría, si la orina no fuese primero putrefactada.
43. P.– ¿Cuánta cantidad de agua se calcula que es flema?
R.– Unas nueve partes de diez, destiladas de orina reciente, deben ser rechazadas. La décima parte (siempre que sea extraída en forma de licor) debe guardarse. Puede extraerse la sal de la orina seca, que queda en el fondo, con agua y un fuego suave (que no cause sublimación), con tanta cantidad de agua como la mitad de la cantidad de orina de la que provenga este residuo. Dejad que se trasvase por decantación lo que sea que esté embebido en el agua, coladlo o purgadlo per deliquium, y filtradlo a través de un cristal. Verted agua dulce y repetid este procedimiento hasta que la sal se vuelva pura. Entonces mezclad esta sal enormemente maloliente con vuestro último espíritu y cohobadla.

ALABADO SEA EL NOMBRE DEL SEÑOR.— AMEN.